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jueves, 20 de junio de 2013

Las tardes de Teror (A José Luis Sánchez de la Torre, In Memoriam)

IN MEMORIAM

"ARABESCO" JOSÉ LUIS SÁNCHEZ DE LA TORRE


La tarde se volvió plomiza y temiendo,- realmente no sé porqué-, empaparme de los manjares derramados del cielo decidí sortear las queridas curvas hacia Teror. La villa mariana tiene ese encanto bucólico que invita  a inundarte de tu propio silencio, a dar pasos sin fin por la calle Real, balanceándote hacia las aceras.
Había un sesgo de melancolía que fue roto por el zapatero, el descendiente de dos generaciones, al que pedí el arreglo de una cremallera del bolso.

Poco tardó en ensimismarse en la labor pero su talante dio pie a charlar de sus antecedentes, de lo contento que estaba en su pequeño taller y comenzamos a practicar la ansiada tertulia llena de tópicos. No es dificil adivinar que aquel hombre, de mediana edad, se sentía a gusto trabajando, sin dar una sola nota disonante de queja. El trabajo encomendado lo haría sobre la marcha, lo que me extrañó sobremanera. No hubo lugar ni tiempo para hablar de la temida queja social pues al contrario, pude ver y palpar en aquellos cortos metros cuadrados, la satisfacción de vivir con la modestia sin la temida codicia ni ambición.

Pregunté por el maestro Peña, el barbero de la calle Real, al que echaba de menos desde hacía largos  meses y sentí el vacío de la ausencia porque mi buen amigo, de pelo escaso pero bien enhebrado y lateralizado, está en una residencia; debo suponer que por su avanzada edad y por las obligaciones de su familia, fuera este lugar el más adecuado para él. Imposible espantar de mi mente el crucigrama de llegar a la senectud alejado de los muros que tutelaron su larga y fecunda vida laboral.

Acudí a la peluquería que regenta un joven, no sin antes poner de luto mis paredes gástricas con un buen café.

Me quedé absolutamente sorprendido al entrar y que un chaval que esperaba pacientemente su turno, se levantara y me cediera su asiento. Tal cual. Le agradecí vivamente su educado gesto y me interesé por el joven, por la educación que recibía y dónde estaban aquellos maestros de la cortesía. Hijo de un agricultor, trabaja en el campo a la par que estudia, segundo de ESO, me pareció entender.

El locuaz peluquero, haciéndose eco de su cartel anunciador del aumento de las tarifas por razones impositivas, me lanzó un discurso acerca de los impuestos cada vez más gravosos, y del primo que estaba trabajando en Cabo Verde. La lección de aquella tierra estaba en que tiene el mismo ambiente que las Islas Canarias hace cincuenta años.

Me dio un repaso en toda regla acerca del consumismo que nos devora, de las promesas incumplidas de los políticos y del asqueado mundo de los Barcenas y otros para finiquitar el corte de pelo con su idea bien amasada de emigrar a Cabo Verde. Salí con menos pelo y con las lecciones bien enseñadas por la cortesía de un joven y las ansias de sobrevivir en un mundo mejor, ajeno al consumismo, del locuaz barbero.

Ya de vuelta ví de nuevo al joven, con el pelo bien rapado, al que saludé efusivamente, agradeciendo su amabilidad y estando presente su padre no pude menos que felicitar a ambos por la lección de educación y buenas costumbres, tan ajenas en nuestra sociedad y tan deseadas.

De la razón de los lunes zapateros, a la visita a la excelsa patrona,  y la exquisitez de trato social y de la queja amarga alumbrada por el ansia de sobrevivir en otro pais, emprendí el regreso a casa.

Llegar, y festejando lo vivido, tan extraño en los tiempos que corren, amansando esta tormentosa vida con la sencillez de la gente que, afortunadamente, aún existe, ví que había pinceles llenos de tristeza. José Luis, mi querido paciente que llenaba su casa de decenas de cuadros propios, decidió abrazarse al alivio de tanto dolor y partió dejando lienzos llenos de alegría, de rabia ante la injusticia, de amor tremendo por el bel canto  de la granadina Alicia Cantarero.

Dos luces prendidas en mi despacho, el depósito de tantos dolores, también los tuyos José Luis, brillan para tí.

Hay mucho que deshacer, tanto que abandonar......y un sinfín de ilusiones que recrear para los jóvenes, sean zapateros, agricultores, camareros o barberos.

Y pinceles que deben volver a enredarse en la mano del pintor. Sigue bien fresco aquel bodegón que me regalaste, José Luis Sánchez de la Torre. No dejes de dibujar en las estrellas el brillo de tus colores.



jueves, 21 de febrero de 2013

SERAFIN GARCÍA ZUMBADO, SEÑOR

IN MEMORIAM

¡¡HOY, 21 DE FEBRERO DE 2013,  MUY PRESENTE EN MI MEMORIA,SERAFÍN, MI SABIO E ILUSTRE LETRADO Y AMIGO!!
La cualidad esencial que anhela un ser doliente es la comprensión, llegar al convencimiento que cuanto se diga está perfectamente entendido y que quién exponga el problema sepa que se está en perfecta sintonía con él.

Parece cosa baladí pero muy lejos de ser tal es la clave de la sensibilidad humana, el sentimiento que más acerca a dos personas que se encuentran para resolver un problema en el que predomina la angustia.

Sumido en la desesperación, anhelante de Justicia y de encontrar la persona que sea capaz de comprender y además de proponer soluciones para un serio y grave conflicto acudimos a ese profesional que, traspasando las fronteras de la relevante posición de Letrado rebasa los límites de la cercanía y proximidad y transduce cuanto se le expone.
Bien digo, transduce y no traduce, convierte un sentimiento etéreo en la física misma y genera emoción.

Mi querido amigo y sabio Letrado, supiste transducir mis quejas y dar paz al desasosiego de mis dudas y ansias de dejar las cosas vistas para que decida sobre ellas quién para ello esté preparado. Pero lo inmensamente relevante es llenarte de aquellas quejas y asimilarlas como tuyas, discriminar de manera que no cupiera un guiño a la falsedad.

La sabiduría es consustancial a la largura del entendimiento, conocimiento y justa discriminación, al sentido de lo moralmente bueno y malo, al lazo de  la ética  y de la deontología del ajuste a las normas imperativas en la profesión.

La paz que genera la rectitud del quehacer diario es inconmensurable, incluida la finta  pícara de quién regatea con la experiencia y eterna juventud conjugadas.

Bastó solamente un tiempo rápido, el guiño de un gesto en la amplia sonrisa de los ojos azules que anoche vi como dejaban su brillo, ineludible realidad para abrir la mirada a la otra manera de ser y de estar para que se estableciera una relación sólida, leal y exenta de cualquier interés que no fuera lo legítimo.

Conocí bien tu lucha y me hiciste saber tus dudas, las preguntas que se reiteran en la sombra del debate de la vida, del encuentro sorpresivo de la enfermedad y la pregunta constante de la razón por la que la vida te juega estas malas pasadas.

Tú y yo hablamos sin palabras, y cuando las hubo, con ella, con tu Antoñita, nuestra Antoñona presente,  a tu lado, siempre a tu lado, la respuesta a tus preguntas era invariablemente “te veo muy bien”, como si no supiéramos a quién iba dirigida la esperanza y el consuelo.

Cruzabas las piernas y llevabas tu mano al ala de la nariz en un gesto que te acompañó hasta el final. Y tu mano siempre buscó la de tu compañera y ambos las entrelazaban con esa adorable sonrisa de ella, su compasivo y tierno gesto, lleno de caricias que socarronamente respondías con tus  genialidades.

Has sido  abogado veinticuatro horas al día y bien claro me lo dijiste, abriste tus manos a cualquier sugerencia a la hora que fuere, jamás hubo un regate ni una queja, antes al contrario, expectante y presto por completo, en tiempo y espacio. Y hasta tu deseo de no causar molestias, con gratitudes reiteradas por mi presencia en la intimidad de tu hogar, encontró el eco de tu propia respuesta: también yo soy médico las veinticuatro horas del día.

Y nunca supe si mi gratitud fue suficiente pero me bastó la última mirada  y la frase que me regalaste: “¿Serafín, preguntó ella,  sabes quién está aquí? Mi amigo y sabio doctor”, dijiste. Me quedo con estas palabras hasta el fin de mis días pues si grande fue la distinción de la que me hiciste gala ha sido inmenso el alivio y consuelo de tu entrega hacia mi causa como profesional y amigo.
Y tu compañera, tierna y amable, sujeta a la esperanza siempre, y firme en su posición de fe, en la propuesta permanente de una esposa ejemplar, a tu lado. Por ella bebiste los vientos y el amor más tierno cumplió la cincuentena de casados y muchos más.
El  Amor te acoge benigno en su inmenso e infinito Paraíso.
No fue casualidad, hubo una causalidad para que nuestras vidas se cruzaran.
“Tienes la obligación ética y moral de defenderla ” y sólo era necesario encontrarte y dejar en tus manos la noble tarea.

Hoy te acompañan en la tarea de un hasta más ver cientos de oraciones monacales guiadas seguramente por nuestro buen amigo el Fraile bueno de Alpandeire, aquel cuya estampa llevaste en el bolsillo de la solapa hábilmente colado por las manos de Antoñita. Ella, siempre ella.

Aún habrá quién pregunte ¿Qué edad tenía? Y habrá que responder: La edad de la sabiduría , de la bonhomía, de la Paz engendrada en el corazón bueno. Vete tranquilo, mi querido amigo y sabio abogado. Todo está en orden. Hay brazos que proseguirán tu tarea. Buscaremos consuelo en tus recuerdos, hombre bueno y generoso. Todo un caballero, todo un señor.



Carlos



Publicado en:
CANARIAS7. PAG. 55 EDICION DEL 18/07/2012


PALESTINA