Mostrando entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de junio de 2013

El tendero, el bosque y España




El silencio enfurece y es enemigo del tamborilero. La luna, siempre callada, se acongoja cuando la manada dirige los ladridos a ella. La entrada en el período de la reflexión, abierto el paréntesis, invita a mantenerse en sus confines. El cierre del paréntesis significa volver al ruido de los tambores, al griterío de los ladridos y dejar de mirar a la luna. Silencio, ruidos y silencios.

El desbordante caudal de aguas sucias que arrastra el río de la información contrasta con la resignación de la mayoría y la esquinada reacción vivaz de una menor población. Perdemos a  borbotones la claridad de las ideas, la limpieza de la conducta, el sometimiento a las reglas morales, éticas y deontológicas. El "todo vale" es quitar las puertas a cualquier conducta y entrar despatarrado en acciones absolutamente reprobables.
Hasta la cortesía que engalanaba nuestra conducta urbana, especialmente la canaria, se ha recortado gravemente.

La neurosis de masa, inducida por los que estiman que su coeficiente intelectual es de rango superior, se está cebando en nuestra población y el único vocablo que parece surgir de manera intenpestiva en cualquier conversación es "crisis"

No merece la pena acallar a los ladradores ladrando más fuerte, es de una gran  pobreza intelectual. El estilo de los conversadores patentando su expresión como la única y veraz, en los medios de comunicación, pone de manifiesto la persistencia en la convicción. Da lo mismo de lo que se hable, gritan, se ladran unos a otros ordenando silencio.

Los argumentos son cortos y adobados de grandes salivaciones y poses varias. El enrojecimiento facial es importante tanto como colocar los miembros inferiores en posiciones diversas, piernas en cuatro, cruzadas retorcidas la una sobre la otra, abiertas y desafiantes, insinuantes escasa o manifiestamente.

Los gurús se lanzan a proclamar sus propuestas, a enjuiciar al presunto, a condenarlo, a exigir garantías en el ejercicio del Derecho.Y  aquí entra de lleno la frase de mi sabio amigo Serafín García Zumbado "no temo las corruptelas sino la ignorancia", y es que cincuenta años en el ejercicio de la abogacía dan para mucho y lo mínimo entregado es una herencia docta cum laude para aquel que ha hecho de su vida y trabajo un servicio limpio, inmaculado. Otros se tapan la fetidez de la corrupción con elegantes sombreros de paja.

En efecto, la prudencia en el ejercicio de cualquier profesión es una norma imperativa. Y el silencio en las actuaciones evita que los canes comiencen a ladrar.

Los regates son interminables en el juego de la Justicia cuando el denunciado/demandado se sabe perdedor. Ejemplos hay hasta la saciedad. La justicia es claramente injusta cuando los tiempos procedimentales son eternos. Hasta Hacienda regatea, sin entrar en ejemplos innecesarios, cuando conviene. Hacienda son personas, sobre todo.

El esfuerzo de la sociedad española por alcanzar un estado de bienestar pleno se está haciendo añicos. Se acaba papá-estado y comienza el reinado del abuelo. Reiterarse en lo sabido es el pío pío de las pájaros.

Sanidad, educación, servicios sociales, voracidad fiscal, impunidad, delincuencia de cuello alto, desprecio a 
los desfavorecidos, corrupción impune, y un largo etcétera que centralizan sus quejas en la palabra "crisis".
Los años trabajados y cotizados están a punto de irse a pique. ¿Y el dinero que fuimos aportando mes a mes durante una vida laboral, donde está? Su finalidad era clara, y ¿por qué se ha utilizado para otros fines? ¡ qué donde están mis aportaciones a la seguridad social, coño!

Creo que en nuestra sociedad falta valor para decir libremente y con la prudencia debida aquello que se pueda expresar sin tocar ni tangencialmente el círculo de la intimidad del otro.

Si hablamos de corrupción, de políticos, de castas, de banqueros, etc , bien pronto aparece que no es bueno generalizar, que hay de todo como en botica. Curiosamente los que más hablan son los que tienen causas judiciales pendientes, los que se alegran por estar imputados, los que juran que son inocentes y que ni ellos ni su partido han hecho nada reprobable. Ladran y ladran y vuelven a ladrar. El griterío es de tal envergadura que mientras haya luz de luna no cesarán. Para ver el bosque hay que cortar árboles, decían, versus, para que no se vea el bosque, mejor plantamos árboles.

En cuanto se extinga el eco de sus ladridos, y la cobertura mediática a tanta memez, instalados en el silencio del trabajo paciente comenzaremos a escuchar respuestas adecuadas a tantas preguntas, insinuaciones, acusaciones e imputaciones.
Es imposible que desde una pobre inteligencia se haga un trabajo de gran finura por su evidente discapacidad y tal cual es la pretensión de que quienes ostentan la cosa pública (hacen gala de grandeza, lucimiento y boato)  lleven a cabo un trabajo bien hecho. Están en otros menesteres.

Cuentan que estando un tendero a las puertas de la muerte fue convocando a sus hijos y así, sin poder abrir sus ojos, preguntaba por cada uno de ellos, a los que se le respondía, "si padre mío, estoy aquí" y así hasta un repaso por sus diez hijos. Terminado el repaso el tendero abrió sus ojos y desparramó la pregunta: "¿qué hacen todos aquí ? ¿ y quién diablos está en la tienda? "

Demasiados alrededor del moribundo y nadie al frente de la tienda llamada España.





domingo, 24 de junio de 2012

¿Quién recorta al peluquero?





El  Guadiana tiene un trayecto por el que se hunde o asoma. El camino de la Vida de cada cual se hunde o emerge en constantes aperturas y cierres de sus propias páginas.
Hasta en el sentido del recorrido tenemos en común con la Vida que es único, siempre adelante, nunca retrocede. Unas veces lleno de aguas cristalinas, otras sediento de su propia agua, tumultuoso, amable, rinde tantas caras como estados de ánimo tenga su contenido.

La agobiante reiteración del vocablo “crisis” ha terminado por carecer de sentido. No se puede perpetuar en el tiempo sin traicionar su propio significado.

La situación que vivimos a nivel socio-económico  es tal y no crisis, es un estado de las cosas. No estamos atravesando una situación de ruptura, ya se rompió hace años y mantenemos una dinámica de constante caída. Es lo que debe acontecer cuando la expansión toca techo,- e indefectiblemente tiene límite-. Es necesario el decrecimiento.

Hay ejemplos de vacas gordas y flacas, de épocas pasadas, de las siete plagas, de inscripciones en piedra discrepando de la juventud de hace tres mil años y no aceptamos que somos los mismos de aquellos tiempos, incapaces de aprender de nuestros errores, de no saber verlos, y situarnos reiteradamente en  las maravillas del mundo como paradigma del pasado. Conviene pues leer nuestro pasado para percatarnos de que esto es más de lo mismo, de nuestro paso cíclico  por la dimensión del tiempo y del espacio.

Siendo cierto que “un santo triste es un triste santo”, una sociedad triste es una triste sociedad.  La tristeza emerge como consecuencia de la frustración. No es precisamente alegrías lo que nos depara el comportamiento social si la estudiamos por estratos; desde aquel  que asume el poder por métodos tan repugnantes como la reiterada oferta mentirosa de quién sabe que no tiene nada que ofrecer hasta la más doliente de quienes no tienen pan para tanta hambre, los escalones aumentan su altura en el esperpéntico ejercicio de insuflar aire al acordeón social. Y los brazos que abren y cierran la sociedad, acercándonos o alejándonos, tienen una enorme fuerza pero carecen de la autoridad conferida por el conocimiento.

Corresponde a todos, y no solamente a los que se tienen por designados, realizar el ejercicio de decrecer la altura de los escalones sociales, buscar la igualdad de oportunidades, aliviar tanto dolor. Y en ello debemos estar todos. Cada cual con sus recursos, estimulando el movimiento del dinero, no para crecer exponencial y equivocadamente sino para que no huela mal en su jaula. Hay que airearlo.
Esta situación de decrecimiento económico debe tener como contrapartida el crecimiento de los auténticos valores humanos y simultáneamente mover las aguas dinerarias. Las aguas estancadas huelen muy mal, se corrompen. El dinero va y viene pero paraliza la economía si no se mueve.

¿Qué sería de nuestros riñones si no tuvieran nada que filtrar? Indudablemente se pararían. Tal sucede con la economía.

El miedo es el síntoma capital de la ansiedad, y nuestra sociedad está enferma de un trastorno del estado de ánimo que se mece con la ansiedad, la depresión. Estamos tristes y con mucho miedo, y criticamos con dureza que haya fiestas en el pueblo, estadios llenos de gente. No quiero ni pensar como estaría una sociedad con estadios vacíos, sin fiestas del lugar ni boleros que cantar.
Es necesario arrinconar tanto miedo, hacerlo desaparecer, luchar por una sociedad mejor, justa, aminorando los desajustes graves, infundiendo fuerza y energía positiva, gritando aquel simpático lema in crescendo,” somos gente pacífica y no nos gusta  gritar”.
El río y la Vida tienen un trayecto con punto de destino, unas veces con cauces ocultos, otros a la luz.

Importa mucho que quienes asumen la responsabilidad de administrar lo público tengan  la laureada de los vencedores romanos y la frase continua del portador de la corona,
“recuerda hombre que eres mortal”.

Importa mucho que la aceptación de la herencia en política no sea a  beneficio de inventario, es una aceptación pura y simple del caudal relicto y por ende, de lo bueno y de lo malo con todas sus consecuencias.

Importa mucho que el dinero se mueva, que se pierda el miedo y se actúe con la debida prudencia, que los políticos abandonen las majaderías de miles y  miles de normas que atenazan y esclavizan a los que dicen servir.
Importa mucho el valor de la honradez, de la honestidad de la conducta, que no es otra que actuar acorde con lo que se piensa,-espero que para bien desde luego-.
Importa mucho la Justicia, la incansable búsqueda de su acción y no continuar manchándola con conductas alejadas de la moral, ética y deontología cuando no de actuaciones delictivas.
Importa mucho que no cercenen el crecimiento intelectual, la adquisición de conocimientos. Es la esperanza del linaje humano y del planeta Tierra.
Importa mucho que cuando seamos presa de la enfermedad tengamos encuentros con la Humanidad y la Ciencia.
Todo cuanto se oculta, sea río o etapas de la Vida, finalmente emerge a la Luz. La Verdad siempre dura un instante más.
Estamos en una etapa dura pero habrá que caminar en el único sentido posible, hacia delante, y tener presente que “rico no es quién más tiene sino quién menos necesita”
Otro gallo nos cantaría de haber crecido con mesura y discreción, abandonando la ambición y la codicia. Se puede terminar viviendo  esclavo de cuanto posees y a la hora de desembocar nos llevamos lo que somos no lo que tenemos.
Hay que cortar lo innecesario e inútil sin dañar a los más desfavorecidos. ¿Quién recorta el pelo al peluquero? La respuesta está en nuestras manos.




Publicado en el Independiente de Canarias



PALESTINA