miércoles, 2 de abril de 2014

Presidente Suárez ¿Alzheimer?

Publicado en eldiario.es/canariasahora
Publicado en LA PROVINCIA/diario de Las Palmas
Publicado en el BLOG DE MARISOL AYALA



La duda acerca de la actuación del Rey de España en el 23F y los últimos acontecimientos vividos de carácter luctuoso han creado un clima de desasosiego social que se suma a los vaivenes de las noticias relacionadas con la crisis,- que es ya una situación establecida-, con la inestimable participación de las voces de los distintos partidos políticos y grupos parlamentarios.

La enfermedad de la memoria a la que parece aludirse en referencia al extinto presidente Suárez se identifica como el temible y temido Alzheimer.

La mezcla de diagnósticos, situaciones políticas pasadas, y la confrontación entre la figura del monarca y del presidente Suárez requiere que se esclarezcan cuantas dudas se suscitan. Y no es asunto fácil ni de opinión ligera. Que lo desentrañen los que puedan hacerlo y que hagan cierto que "la verdad nos hace libres".

El anuncio beligerante de un periódico de tirada nacional acerca de la conducta del monarca en el golpe de estado del 23F pone los pelos de punta. Cuanto se estimó como una broma de mal gusto la parodia de un falso 23F llevada a la pequeña pantalla por la Sexta va a resultar que no todo era una parodia y que pudieran existir visos de verosimilitud.

Puestos a dudar y a seguir meciéndonos en tanto dime y direte me voy a permitir la licencia, como médico especialista en Neurología, de aportar una aproximación sobre la supuesta enfermedad del presidente Adolfo Suárez.

Si examinamos la biografía del presidente y las fechas de su retirada de la vida pública hay una evidente relación entre su ocultamiento, el fallecimiento de su hija y la enfermedad y muerte de su esposa. Lo menos que le puede ocurrir a una persona que sufre esos gravísimos acontecimientos con al añadido de la ingratitud y varapalos propiciados por sus correligionarios y una oposición durísima,- a la que oí dirigirse al presidente como tahúr del Missisipi-, es el padecimiento de una enfermedad depresiva.

La permanente frustración en la que se vio envuelto, ingratitudes, agravios inmisericordes, y el retorno a una vida familiar gravemente dañada por la enfermedad de hija y esposa causan problemas de salud muy serios.

Aquel estado de ánimo conduce a una depresión grave, y no es del todo improbable que más que padecer una Alzheimer, diagnóstico posible, haya estado padeciendo una Falsa Demencia Depresiva.

No me cuadra que el hijo del presidente afirmara antes de producirse el fallecimiento que su padre había recibido la unción de los enfermos y que les había  sonreído. Su neuróloga mencionó no sé si como enfermedad intercurrente o como causa indirecta de su fallecimiento la EPOC (enfermedad obstructiva pulmonar crónica) común entre los fumadores empedernidos.

Imagino que el conocimiento cierto de que la salida (exitus laetalis) está muy próxima y que el reencuentro con sus seres queridos es inminente debe producir un alivio tan grande que aquellas sonrisas bien pudieran ser las carcajadas de un hombre de bien.

¿Realmente padeció Adolfo Suárez una enfermedad de Alzheimer o una Falsa Demencia Depresiva?

Entiéndase que esta última tiene diferencias claras respecto de la primera y puede ser que conviniera a bastardos y espurios intereses el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer. Todo recuerdo borrado por el Alzheimer, ¿seguro? ¿O no quiero recordar nada de mi pasado?

No puedo menos que expresar mi total admiración por el esfuerzo y tesón demostrados por quién viniendo de la época de Franco supo llevar a cabo la transformación política de España y dejar cerrado un capítulo de nuestra historia reciente.

Desde luego, si las secretarias hablaran....








martes, 4 de marzo de 2014

Hola Doctor, ¿que tal estás?


También en:
REVISTA OROBAL DEL COLEGIO OFICIAL DE MÉDICOS
CanariasAhora.es
Blog de Marisol Ayala
La Provincia
16-05-2013


La llave cerró con autoridad la puerta del despacho. Estabas contento. Entrabas en un fin de semana que ansiabas para el merecido descanso de unos días ajetreados.

Muy lejos aquella idea que ese sería tu último día oficial en el cuarto que fue tu cuna durante cuarenta años. La familia prepara un festín para celebrar tus sesenta y cinco años y rebosas la alegría de saber que hasta aquí has llegado.

Pero te puede más la ansiedad por volver al trabajo, a tus pacientes, a las labores inconclusas y meditas si no será mejor prorrogar tu vida laboral pública un par de años  más o quizás cinco y volver a casa a descansar con los setenta cumplidos.

Más hete aquí que no está en tu mano decidir si continuarás en tu labor. Dependes de una  firma administrativa que no va a valorar tus méritos en cuarenta años de ejercicio sino que esbozando una sonrisa maliciosa y torciendo el gesto “alguien” firma la carta que anuncia tu jubilación forzosa. La ley es la ley te dirán. Pues no faltaba más.

Oye, colega, es muy duro recibir una carta fría y despiadada en la que te espetan como una sardina victoriana. Doctor/a, váyase a casa, su tiempo profesional en la vida pública ha concluido. ¿Te lo temías, verdad?  Barruntabas que no te prorrogarían dos años más aún a pesar de tener firmado el contrato de continuidad.

Aún así has sacado pecho y te fajas con la administración. Acudes a la Justicia y logras que suspenda cuatelarmente tu “despido”. Puedes volver. Quizás no termines de entender que no te quieren y punto. Ya buscaran la manera de que envejezcas antes. ¡Aún así, feliz prórroga, colega!

Una vida profesional dedicada a la sanidad pública se apaga de repente, tal que soplar la llama de una vela. ¿Acaso pensabas que te dedicarían una calle, una sala del hospital?

Los que hemos cumplido la edad de jubilación vivimos en aquestos años de estudiantes y primeros de la profesión una actividad en la que el ejercicio de la Medicina y Cirugía era como siempre debe ser, un sacerdocio, una voluntad constante e inequívoca de servicio a los demás. El tiempo no importaba ni había horarios en el hospital.

Estábamos veinticuatro horas en disposición permanente, atentos a una llamada para acudir a un quirófano o para atender a un paciente que empeoraba. No quiero ni esbozar aquellos años duros porque hay emociones que me van a convertir en un pañuelo con patas.

Mucho cambiaron las cosas con la transición política. Estábamos en el punto de mira de la escopeta nacional; los médicos, muchos de nosotros fuimos tildados de ladrones de bata blanca. A estos hay que meterlos en vereda, dijeron la envidia y los celos. Ellos no son dioses, bramaban antes de que tuvieran que tumbarse en decúbito supino en la camilla.

Y así fue. Tarjetas para fichar, control de horarios, sometidos a una administración impía que aplaudía números, la cantidad,  y olvidaban la calidad, la esencia del trabajo serio y responsable. Nuestros peores enemigos, nosotros mismos. Peor aún, aquellos colegas, por decir un sinónimo fácil, que trepaban como lagartijas al calor de las siglas de la conveniencia pronto se sentarían en la esquina de tu mesa para ordenar, mandar y dictar qué, cuando, cuantos y cómo tenías que ejercer tu profesión.

Quizás te has olvidado de los cortes de la bata, de las heridas en la espalda, de los días de permiso denegados, de los quirófanos alicatados, de las radiaciones inmerecidas.

Ha sido un soplo, la vida ha pasado como una caricia y toca el tiempo del descanso, obligado para la vida pública. Es el tiempo de la madurez, cada vez quedan menos caramelos de la Vida y estos hay que saborearlos mucho y bien.

Nuestra profesión tiene principio y fin, pero éste no es el que quiere la administración; será el que quieras tú porque médico eres hasta el fin de tus días. La Medicina imprime carácter.

A mi personalmente no me satisface trabajar dónde no me quieren. No es cuestión de aducir que estás en lo mejor de tu vida intelectual y que, además, cuentas con una experiencia amplia.
Los tiempos se marcan con el péndulo del reloj. Nadie nos puede impedir seguir trabajando, sintiéndonos útiles para el sufriente. Tantos años de profesión y humildemente hay que entonar que solo se cura a veces, que hay que aliviar muchas, y consolar siempre.

Saca a flote el coraje de tus primeros años.

Sé lo duro que es sentir ese vacío; se te ocurren mil cosas que hacer con tal de llenar tu tiempo, aquellas ocho horas de hospital o de ambulatorio que ya no vuelven. Tómate un descanso, ese que tanto has deseado en tu trayectoria pasada.

No nos debe extrañar que pronto veamos hospitales y ambulatorios para la beneficencia.
Estamos en lo mejor de nuestras vidas, y antes de que la hoz nos corte la cabeza, aprovechemos intelecto y pasión por la Medicina en el servicio a los que nos precisan haciendo valer el juramento hipocrático.

Verás que lo que sucede, conviene. Hay otras vías, otros caminos, otra manera de servir, con el corazón y con la inteligencia. No hay pacientes públicos ni privados, hay pacientes. Y mucho me duele que algunos sigan llamándolos  “usuarios”.

Dí a tus pacientes dónde te pueden encontrar y ellos acudirán a ti porque médicos somos a todas las horas del día. Vamos, colega, ensancha el pecho, levanta la mirada, descansa un tiempo y comienza a hilar tus proyectos de presente y futuro.

¿Crees que realmente nos echarán de menos? Un tiempo, solo un tiempo.
Tu mejor regalo de jubilación es el beso de aquel paciente y la gratitud encendida de aquel otro que alcanzó tu mano y la estrechó con fuerza: “gracias, doctor”.

Seguimos siendo médicos, y cirujanos, por más que intenten lo contrario. Hay vida más allá de la sanidad pública.

Hoy tengo un ramo de rosas para ti, compañera del alma, que has hecho posible llegar hasta aquí.



jueves, 20 de junio de 2013

Las tardes de Teror (A José Luis Sánchez de la Torre, In Memoriam)

IN MEMORIAM

"ARABESCO" JOSÉ LUIS SÁNCHEZ DE LA TORRE


La tarde se volvió plomiza y temiendo,- realmente no sé porqué-, empaparme de los manjares derramados del cielo decidí sortear las queridas curvas hacia Teror. La villa mariana tiene ese encanto bucólico que invita  a inundarte de tu propio silencio, a dar pasos sin fin por la calle Real, balanceándote hacia las aceras.
Había un sesgo de melancolía que fue roto por el zapatero, el descendiente de dos generaciones, al que pedí el arreglo de una cremallera del bolso.

Poco tardó en ensimismarse en la labor pero su talante dio pie a charlar de sus antecedentes, de lo contento que estaba en su pequeño taller y comenzamos a practicar la ansiada tertulia llena de tópicos. No es dificil adivinar que aquel hombre, de mediana edad, se sentía a gusto trabajando, sin dar una sola nota disonante de queja. El trabajo encomendado lo haría sobre la marcha, lo que me extrañó sobremanera. No hubo lugar ni tiempo para hablar de la temida queja social pues al contrario, pude ver y palpar en aquellos cortos metros cuadrados, la satisfacción de vivir con la modestia sin la temida codicia ni ambición.

Pregunté por el maestro Peña, el barbero de la calle Real, al que echaba de menos desde hacía largos  meses y sentí el vacío de la ausencia porque mi buen amigo, de pelo escaso pero bien enhebrado y lateralizado, está en una residencia; debo suponer que por su avanzada edad y por las obligaciones de su familia, fuera este lugar el más adecuado para él. Imposible espantar de mi mente el crucigrama de llegar a la senectud alejado de los muros que tutelaron su larga y fecunda vida laboral.

Acudí a la peluquería que regenta un joven, no sin antes poner de luto mis paredes gástricas con un buen café.

Me quedé absolutamente sorprendido al entrar y que un chaval que esperaba pacientemente su turno, se levantara y me cediera su asiento. Tal cual. Le agradecí vivamente su educado gesto y me interesé por el joven, por la educación que recibía y dónde estaban aquellos maestros de la cortesía. Hijo de un agricultor, trabaja en el campo a la par que estudia, segundo de ESO, me pareció entender.

El locuaz peluquero, haciéndose eco de su cartel anunciador del aumento de las tarifas por razones impositivas, me lanzó un discurso acerca de los impuestos cada vez más gravosos, y del primo que estaba trabajando en Cabo Verde. La lección de aquella tierra estaba en que tiene el mismo ambiente que las Islas Canarias hace cincuenta años.

Me dio un repaso en toda regla acerca del consumismo que nos devora, de las promesas incumplidas de los políticos y del asqueado mundo de los Barcenas y otros para finiquitar el corte de pelo con su idea bien amasada de emigrar a Cabo Verde. Salí con menos pelo y con las lecciones bien enseñadas por la cortesía de un joven y las ansias de sobrevivir en un mundo mejor, ajeno al consumismo, del locuaz barbero.

Ya de vuelta ví de nuevo al joven, con el pelo bien rapado, al que saludé efusivamente, agradeciendo su amabilidad y estando presente su padre no pude menos que felicitar a ambos por la lección de educación y buenas costumbres, tan ajenas en nuestra sociedad y tan deseadas.

De la razón de los lunes zapateros, a la visita a la excelsa patrona,  y la exquisitez de trato social y de la queja amarga alumbrada por el ansia de sobrevivir en otro pais, emprendí el regreso a casa.

Llegar, y festejando lo vivido, tan extraño en los tiempos que corren, amansando esta tormentosa vida con la sencillez de la gente que, afortunadamente, aún existe, ví que había pinceles llenos de tristeza. José Luis, mi querido paciente que llenaba su casa de decenas de cuadros propios, decidió abrazarse al alivio de tanto dolor y partió dejando lienzos llenos de alegría, de rabia ante la injusticia, de amor tremendo por el bel canto  de la granadina Alicia Cantarero.

Dos luces prendidas en mi despacho, el depósito de tantos dolores, también los tuyos José Luis, brillan para tí.

Hay mucho que deshacer, tanto que abandonar......y un sinfín de ilusiones que recrear para los jóvenes, sean zapateros, agricultores, camareros o barberos.

Y pinceles que deben volver a enredarse en la mano del pintor. Sigue bien fresco aquel bodegón que me regalaste, José Luis Sánchez de la Torre. No dejes de dibujar en las estrellas el brillo de tus colores.



martes, 18 de junio de 2013

El tendero, el bosque y España




El silencio enfurece y es enemigo del tamborilero. La luna, siempre callada, se acongoja cuando la manada dirige los ladridos a ella. La entrada en el período de la reflexión, abierto el paréntesis, invita a mantenerse en sus confines. El cierre del paréntesis significa volver al ruido de los tambores, al griterío de los ladridos y dejar de mirar a la luna. Silencio, ruidos y silencios.

El desbordante caudal de aguas sucias que arrastra el río de la información contrasta con la resignación de la mayoría y la esquinada reacción vivaz de una menor población. Perdemos a  borbotones la claridad de las ideas, la limpieza de la conducta, el sometimiento a las reglas morales, éticas y deontológicas. El "todo vale" es quitar las puertas a cualquier conducta y entrar despatarrado en acciones absolutamente reprobables.
Hasta la cortesía que engalanaba nuestra conducta urbana, especialmente la canaria, se ha recortado gravemente.

La neurosis de masa, inducida por los que estiman que su coeficiente intelectual es de rango superior, se está cebando en nuestra población y el único vocablo que parece surgir de manera intenpestiva en cualquier conversación es "crisis"

No merece la pena acallar a los ladradores ladrando más fuerte, es de una gran  pobreza intelectual. El estilo de los conversadores patentando su expresión como la única y veraz, en los medios de comunicación, pone de manifiesto la persistencia en la convicción. Da lo mismo de lo que se hable, gritan, se ladran unos a otros ordenando silencio.

Los argumentos son cortos y adobados de grandes salivaciones y poses varias. El enrojecimiento facial es importante tanto como colocar los miembros inferiores en posiciones diversas, piernas en cuatro, cruzadas retorcidas la una sobre la otra, abiertas y desafiantes, insinuantes escasa o manifiestamente.

Los gurús se lanzan a proclamar sus propuestas, a enjuiciar al presunto, a condenarlo, a exigir garantías en el ejercicio del Derecho.Y  aquí entra de lleno la frase de mi sabio amigo Serafín García Zumbado "no temo las corruptelas sino la ignorancia", y es que cincuenta años en el ejercicio de la abogacía dan para mucho y lo mínimo entregado es una herencia docta cum laude para aquel que ha hecho de su vida y trabajo un servicio limpio, inmaculado. Otros se tapan la fetidez de la corrupción con elegantes sombreros de paja.

En efecto, la prudencia en el ejercicio de cualquier profesión es una norma imperativa. Y el silencio en las actuaciones evita que los canes comiencen a ladrar.

Los regates son interminables en el juego de la Justicia cuando el denunciado/demandado se sabe perdedor. Ejemplos hay hasta la saciedad. La justicia es claramente injusta cuando los tiempos procedimentales son eternos. Hasta Hacienda regatea, sin entrar en ejemplos innecesarios, cuando conviene. Hacienda son personas, sobre todo.

El esfuerzo de la sociedad española por alcanzar un estado de bienestar pleno se está haciendo añicos. Se acaba papá-estado y comienza el reinado del abuelo. Reiterarse en lo sabido es el pío pío de las pájaros.

Sanidad, educación, servicios sociales, voracidad fiscal, impunidad, delincuencia de cuello alto, desprecio a 
los desfavorecidos, corrupción impune, y un largo etcétera que centralizan sus quejas en la palabra "crisis".
Los años trabajados y cotizados están a punto de irse a pique. ¿Y el dinero que fuimos aportando mes a mes durante una vida laboral, donde está? Su finalidad era clara, y ¿por qué se ha utilizado para otros fines? ¡ qué donde están mis aportaciones a la seguridad social, coño!

Creo que en nuestra sociedad falta valor para decir libremente y con la prudencia debida aquello que se pueda expresar sin tocar ni tangencialmente el círculo de la intimidad del otro.

Si hablamos de corrupción, de políticos, de castas, de banqueros, etc , bien pronto aparece que no es bueno generalizar, que hay de todo como en botica. Curiosamente los que más hablan son los que tienen causas judiciales pendientes, los que se alegran por estar imputados, los que juran que son inocentes y que ni ellos ni su partido han hecho nada reprobable. Ladran y ladran y vuelven a ladrar. El griterío es de tal envergadura que mientras haya luz de luna no cesarán. Para ver el bosque hay que cortar árboles, decían, versus, para que no se vea el bosque, mejor plantamos árboles.

En cuanto se extinga el eco de sus ladridos, y la cobertura mediática a tanta memez, instalados en el silencio del trabajo paciente comenzaremos a escuchar respuestas adecuadas a tantas preguntas, insinuaciones, acusaciones e imputaciones.
Es imposible que desde una pobre inteligencia se haga un trabajo de gran finura por su evidente discapacidad y tal cual es la pretensión de que quienes ostentan la cosa pública (hacen gala de grandeza, lucimiento y boato)  lleven a cabo un trabajo bien hecho. Están en otros menesteres.

Cuentan que estando un tendero a las puertas de la muerte fue convocando a sus hijos y así, sin poder abrir sus ojos, preguntaba por cada uno de ellos, a los que se le respondía, "si padre mío, estoy aquí" y así hasta un repaso por sus diez hijos. Terminado el repaso el tendero abrió sus ojos y desparramó la pregunta: "¿qué hacen todos aquí ? ¿ y quién diablos está en la tienda? "

Demasiados alrededor del moribundo y nadie al frente de la tienda llamada España.





miércoles, 27 de febrero de 2013

Después del quince, el dieciséis


La  inquina, vocablo molesto de pronunciar, es lo que viene definido por aversión, mala voluntad. Podría pensar el aventajado lector que quién escribe tiene el mentado vocablo dirigido a determinado grupo político pero, quiá, nada más lejos de la verdad.

Este glorioso partido de doble sigla y ave voladora en su escudo tiene tantos y tantos militantes y cargos públicos que, para hablar de ellos, habría que ponerse en pie como señal de respeto.

Evidentemente, hacia aquellos que son muestras inequívocas de honradez en el manejo de la cosa pública y que, según dicen, seguramente con total acierto, son mayoría multitudinaria.

Nadie, no obstante, podrá negar la evidencia de que en sus filas, prietas por cierto, hay elementos de la estirpe humana que más valiera echarles de comer aparte. Las canongías, empleos de poco trabajo y mucho provecho, están apalancadas en la llamada cúpula del poder, tal cual la sixtina capilla y el colegio cardenalicio. Y francamente, veinte años en el machito, llevando las riendas del dinero, llevan al éxodo patético de montañas de euros a la Suiza neutral, que ni es santo varón ni hembra genuina.

El Sr. cuyo apellido se niega a pronunciar el Sr. Presidente del gobierno de España y sus espectaculares corifeos, especialmente la Sra. que perdió el hilo del discurso con aquello de pagos diferidos y majaderías varias, ha comenzado a disparar con gentil puntería los envenenados dardos contra el PP, su propio partido,- tal y como indican las siglas-. Y vaya que no llevan veneno. Estaba previsto.

Esta ciudadanía nuestra es un ejemplo inconmensurable de cuán flexible es el punto rojo de la paciencia. Nos aprietan por todos lados, nos sangran como dóciles corderos en el matadero, y la capacidad de no enviar a las aguas de hedionda fetidez a estos lagartos, prontosaurios dinerarios, sigue estirándose elásticamente sin que se atisbe una rebelión social.

No seré yo quién atice estos rescoldos y avive el fuego y despierte. Pero es deber ciudadano dar cauce de expresión a tantos que ya ni hablan por temor, entre otros, de perder el mordisco de pan que se han llevado a la boca. No sea que ocurra lo que la fábula del zorro, el queso y la luna.

Probablemente, llevados del misericordioso, "déjame como estaba, virgencita" nada hay mal que no sea susceptible de empeorar. Y aquí tenemos a próceres cuyas bocas están deformadas de tanto chupar la teta del estado. Su palatino velo se ha ensanchado y da cabida a incesantes ríos de leche. Su mayestático porte, y andares equinos, con crines doblados por la cérvix intentan emitir el mensaje de poder, de autoridad, de "aquinopasanada". 

El tropel de gentes exhalando fétidos comentarios acerca de la situación que vivimos en esta España nuestra no parece tener fin. Y sin embargo, aumenta la elasticidad de la silenciosa resistencia ciudadana y diverge cada vez más de la casta gobernante empecinada en demostrar honestidad, que no habría razón de exponerla salvo que se la esté mancillando constantemente.

Debemos recordar que el límite de la resistencia a la autoridad puede estar llegando al punto de la ruptura y que no se puede seguir obedeciendo órdenes que están sangrando a todo un país. Desde bomberos que se niegan a colaborar en el desahucio a policías que no quieren cumplir órdenes que contrarían su compromiso moral y ético el abanico tiende a ampliarse.

Empieza a resquebrajarse la obediencia a la autoridad. Y es este un signo inequívoco de que hay vida en nuestra sociedad, que el “basta ya” abandona su cómoda cueva para estar dispuesto a perder el pan por luchar contra las injustas órdenes. Que buen vasallo si tuviere mejor señor.

Hoy es un día especial para abrazarse a la memoria de Stephane Hessel, este hombre universal que luchó contra la injusticia y armó moralmente a la sociedad. Inspiró con su vida ejemplar que el miedo hay que arrinconarlo y desatar la pasión por la Justicia. Prendido en el recuerdo se lleva los mejores aromas del vino envejecido en lo bueno.

La indignación debe ir seguida de compromiso.

Asuma cada cual el papel que con el que mejor sirve a la sociedad. Hay que erradicar de las cúpulas de poder a tantos elementos corruptos. Las oscuras fuerzas de la perversión no pueden ni deben llevarnos al abismo; sin educación ni ciencia estamos condenados a una deplorable sociedad de servicios, anencefálica, sin capacidad de reacción. Un mundo asimétrico. ¿Quién dijo que la esclavitud había sido abolida?

Debemos negarnos a que empobrezcan intelectualmente nuestra sociedad y hay que empezar ya. Después de mayo viene junio, después del quince el dieciséis.

La lucha por la Libertad y Justicia es diaria, no admite tregua.





jueves, 21 de febrero de 2013

SERAFIN GARCÍA ZUMBADO, SEÑOR

IN MEMORIAM

¡¡HOY, 21 DE FEBRERO DE 2013,  MUY PRESENTE EN MI MEMORIA,SERAFÍN, MI SABIO E ILUSTRE LETRADO Y AMIGO!!
La cualidad esencial que anhela un ser doliente es la comprensión, llegar al convencimiento que cuanto se diga está perfectamente entendido y que quién exponga el problema sepa que se está en perfecta sintonía con él.

Parece cosa baladí pero muy lejos de ser tal es la clave de la sensibilidad humana, el sentimiento que más acerca a dos personas que se encuentran para resolver un problema en el que predomina la angustia.

Sumido en la desesperación, anhelante de Justicia y de encontrar la persona que sea capaz de comprender y además de proponer soluciones para un serio y grave conflicto acudimos a ese profesional que, traspasando las fronteras de la relevante posición de Letrado rebasa los límites de la cercanía y proximidad y transduce cuanto se le expone.
Bien digo, transduce y no traduce, convierte un sentimiento etéreo en la física misma y genera emoción.

Mi querido amigo y sabio Letrado, supiste transducir mis quejas y dar paz al desasosiego de mis dudas y ansias de dejar las cosas vistas para que decida sobre ellas quién para ello esté preparado. Pero lo inmensamente relevante es llenarte de aquellas quejas y asimilarlas como tuyas, discriminar de manera que no cupiera un guiño a la falsedad.

La sabiduría es consustancial a la largura del entendimiento, conocimiento y justa discriminación, al sentido de lo moralmente bueno y malo, al lazo de  la ética  y de la deontología del ajuste a las normas imperativas en la profesión.

La paz que genera la rectitud del quehacer diario es inconmensurable, incluida la finta  pícara de quién regatea con la experiencia y eterna juventud conjugadas.

Bastó solamente un tiempo rápido, el guiño de un gesto en la amplia sonrisa de los ojos azules que anoche vi como dejaban su brillo, ineludible realidad para abrir la mirada a la otra manera de ser y de estar para que se estableciera una relación sólida, leal y exenta de cualquier interés que no fuera lo legítimo.

Conocí bien tu lucha y me hiciste saber tus dudas, las preguntas que se reiteran en la sombra del debate de la vida, del encuentro sorpresivo de la enfermedad y la pregunta constante de la razón por la que la vida te juega estas malas pasadas.

Tú y yo hablamos sin palabras, y cuando las hubo, con ella, con tu Antoñita, nuestra Antoñona presente,  a tu lado, siempre a tu lado, la respuesta a tus preguntas era invariablemente “te veo muy bien”, como si no supiéramos a quién iba dirigida la esperanza y el consuelo.

Cruzabas las piernas y llevabas tu mano al ala de la nariz en un gesto que te acompañó hasta el final. Y tu mano siempre buscó la de tu compañera y ambos las entrelazaban con esa adorable sonrisa de ella, su compasivo y tierno gesto, lleno de caricias que socarronamente respondías con tus  genialidades.

Has sido  abogado veinticuatro horas al día y bien claro me lo dijiste, abriste tus manos a cualquier sugerencia a la hora que fuere, jamás hubo un regate ni una queja, antes al contrario, expectante y presto por completo, en tiempo y espacio. Y hasta tu deseo de no causar molestias, con gratitudes reiteradas por mi presencia en la intimidad de tu hogar, encontró el eco de tu propia respuesta: también yo soy médico las veinticuatro horas del día.

Y nunca supe si mi gratitud fue suficiente pero me bastó la última mirada  y la frase que me regalaste: “¿Serafín, preguntó ella,  sabes quién está aquí? Mi amigo y sabio doctor”, dijiste. Me quedo con estas palabras hasta el fin de mis días pues si grande fue la distinción de la que me hiciste gala ha sido inmenso el alivio y consuelo de tu entrega hacia mi causa como profesional y amigo.
Y tu compañera, tierna y amable, sujeta a la esperanza siempre, y firme en su posición de fe, en la propuesta permanente de una esposa ejemplar, a tu lado. Por ella bebiste los vientos y el amor más tierno cumplió la cincuentena de casados y muchos más.
El  Amor te acoge benigno en su inmenso e infinito Paraíso.
No fue casualidad, hubo una causalidad para que nuestras vidas se cruzaran.
“Tienes la obligación ética y moral de defenderla ” y sólo era necesario encontrarte y dejar en tus manos la noble tarea.

Hoy te acompañan en la tarea de un hasta más ver cientos de oraciones monacales guiadas seguramente por nuestro buen amigo el Fraile bueno de Alpandeire, aquel cuya estampa llevaste en el bolsillo de la solapa hábilmente colado por las manos de Antoñita. Ella, siempre ella.

Aún habrá quién pregunte ¿Qué edad tenía? Y habrá que responder: La edad de la sabiduría , de la bonhomía, de la Paz engendrada en el corazón bueno. Vete tranquilo, mi querido amigo y sabio abogado. Todo está en orden. Hay brazos que proseguirán tu tarea. Buscaremos consuelo en tus recuerdos, hombre bueno y generoso. Todo un caballero, todo un señor.



Carlos



Publicado en:
CANARIAS7. PAG. 55 EDICION DEL 18/07/2012


viernes, 15 de febrero de 2013

Empitonados a reventar


En CanariasAhora.es

La capacidad de asombro, tan propia de la inocencia, a la que estamos abocados si atendemos al espectáculo parlamentario de cada día, no parece tener fin. Realmente, si la susodicha capacidad tuviera límites, estaríamos ante el temido vómito social.

El Sr. Rajoy exhibe el argumento de la autoridad moral para usarlo como varapalo contra el Sr. Pérez Rubalcaba. Me da el ataque de risa por no llorar.

La defensa esgrimida por el Sr. Rajoy es el famoso "Tú más", evidente desconsuelo para los que aspiramos a ver a un político dando la cara, argumentando una defensa contundente. Pero es evidente que la inteligencia oculta que tiene este presidente se le vació en las aspiraciones al registro de la propiedad.
De aquel punto de inflexión en su vida, y las sucesivas migraciones a registros galaicos, pirenaicos y finalmente levantinos, nace su conformidad con la mediocridad.

Los bolsillos llenos,- aunque repita que ha perdido ingresos dinerarios dedicándose a la política-, el notable incremento de su patrimonio, y el desdén con que se manifiesta ante los españoles no justificarían una intelectualidad que se le podría suponer. Dígaselo con flores a los que hoy no tienen para comer, Sr. Rajoy.

Las entrevistas que le hacen "ad hoc" realizadas por medios no españoles, y en las que confiesa sentirse a gusto, no son  más que bofetones sin manos a cualquier español.
Pues estamos bonitos.

El Sr. Presidente intenta dar una imagen de seguridad, adelantando los brazos al caminar, en gestos que me recuerdan a los soldados que desfilaban "a piñón fijo".Pero nada más lejos de la realidad. Es un preclaro ejemplo de inseguridad, de tibieza hipócrita, cuando manifiesta que sabe perfectamente que no ha cumplido con su programa electoral pero que cumple con su deber. A este proceder se le llama de cara dura, de hormigón, facies pétrea.

Le acompaña en este baile de vampiros el ministro Sr. Montoro, líder experto en bailar sevillanas, dando vueltas incesantes para quedarse clavado en la figura torera del paseíllo, con la taleguilla bien llena y el brazo izquierdo oculto por la capa. La capa misma con que nos han cortado los caprichos del placer a los españoles. No es, a lo que se ve, exclusivo comportamiento del presidente, sino de todos los miembros de gobierno del  partido popular.

Autoridad moral  no tiene usted Sr. Presidente ni recién recibidas las puras aguas bautismales. Usted pide a los españoles sacrificios salariales mientras engorda sus emolumentos, nos aprieta con reformas fiscales al tiempo que sus correligionarios  sacian sus ambiciones dinerarias desmedidas transportandolas a Suiza o a cualquier otros lugar, preferentemente  paraísos fiscales.

Usted consiente que se le de cauce a la demanda de dacion en pago, como trámite parlamentario, para mofarse una vez más de los desgraciados que pierden su casa. Se tramita pero largo me fia el resultado. De momento, y en el último minuto,  ha podido frenar la ira social; veremos cuan grande es la capacidad de resistencia y de obediencia de los españoles a las órdenes imperativas de su falsa autoridad moral.

Usted es responsable de la mayor crisis moral y económica de España, y déjemonos de zapaterismos revolviendo las entrañas de un pasado reciente al que se acude cuando no hay argumentos ni sólidos ni líquidos.

Usted aceptó el caudal relicto de los españoles ganando limpiamente las elecciones del pasado año, y la aceptación no fue a beneficio de inventario, sino pura y simple. No me venga ahora con los muertos. Con la cuchara que cojas con esa comes.

 Váyase con lo que tiene y con lo que es, aunque este caudal personal está soltando sus prendas de esa maleta a la que le llaman intelecto.

Cada paso que da contenta a todos menos a los españoles.Pues sí, sin que sirva de precedente, estaré de acuerdo con la oposición en pedir que dimita.

Usted es un pretencioso que impone que  sigamos pagando los de siempre y permitiendo que los golfos esquiven el deber de contribuir al sostenimiento de las cargas comunes.

Gracias a la economía sumergida malviven miles de españoles y por esto y el amparo de las pensiones de los abuelos,- maltrechas en sus derechos raíces-, nos estamos evitando un "caracazo". Y porque no hay quien escape de las retenciones en su salario ni del IVA o del IGIC,- metodología indirecta con la que Franco recaudaba dinero para las arcas del Estado-, se apoya usted en estas medidas y hace pagar la crisis a los que peor lo estan pasando. A los defraudadores, blanqueadores dentales.


Usted debe dimitir, porque incumple su programa electoral, porque ha mentido como un bellaco y aún peor, se jacta de su fraude y encima se recochinea aduciendo que ha cumplido con su deber.

Y el Sr. Rubalcaba, también. Precisa una catarsis suficiente como para dar paso a caras nuevas con savia fresca. Las mismas caras diciendo lo mismo aburren a las ovejas.Váyase usted al desierto a comer polvorones, Sr. Rérez Rubalcaba. ¿Hay vida inteligente en el Psoe?

Sr. Rajoy, no presuma del "tú mas" que ya le están haciendo la cama para amortajarlo politicamente. Y la enterradora se llama Aguirre y el de la funeraria es el Sr. Aznar.

Váyase con o sin viento fresco, la mediocridad no debe estar instalada en las neuronas de todo un presidente de gobierno; y no se le ocurra mirar al anterior. Usted tiene la responsabilidad porque la asumió, la aceptó y prometió lo que ayer no tuvo verguenza alguna para admitir que no había cumplido con su palabra. Actúa a sabiendas y maliciosamente, ¿a beneficio de quien?

Si que me tiene contento, Sr. Rajoy.

Y para más inri, los ahorradores que podrían gozar de un tipo de interés aceptable para sus depósitos se encuentran ahora con un ridículo interés. Además de preferentes, porculeados ¿Pretende el Sr. Rajoy que lo saquen de los bancos y muevan el dinero, por ejemplo para invertir en viviendas? Ya aparecerán bancos extranjeros que ofrecerán tipos de interés más altos que la miseria de un uno y pico por ciento de los bancos españoles. Favorece usted que el dinero se vaya a Portugal o a Holanda.

Mientras, de manera sutil, sin crear alarma, nuestro gobierno canario retira la exención de pagar IGIC a los minoristas y ahora pagan todos las rentas de los locales con el incremento del 7% que recauda el arrendador,- agente tributario gratis total que tiene que pagarlo independientemente de si lo recibió o no-.

Y por si fuera poco, recibirá usted una carta anunciando que la Gerencia Catastral tiene una subsanación para usted, es decir, a falta de incrementar el IBI le aumentan el valor de la propiedad en razón de metros cuadrados, coeficientes, etc. Vamos, que si no es el pitón izquierdo es el derecho, pero de la embestida no escapas.
Y el gallardo ministro, asustadito con las tasas. Por fin tiene un lugar donde depositar tremenda parida.
Y a todas estas sin papa ni mojo.

PALESTINA