sábado, 10 de enero de 2015

El derecho a la Vida y la Hipocresía

Nadie, absolutamente nadie tiene ningún derecho a arrodillar la Vida.
Hoy París se llenará de muchos HIPÓCRITAS.



miércoles, 17 de diciembre de 2014

Sillas vacías


(A Manolo Marrero)
Un manto de tristeza se abatió sobre la esquina de aquella mesa. Los recuerdos se abren paso a medida que las palabras salen como un murmullo apenas perceptible.

Las sillas vacías que antes fueran asiento de risas y carcajadas, de bromas y regates cortos parecen inclinarse sobre la memoria en el afán de poner certeza de que no estamos ante un sueño. Y ciertamente es una realidad.

No suena el teléfono ni hay cartas de felicitación con su membrete. Nada atrae a las entrañables conversaciones de lo más variopinto de nuestra sociedad y los rincones de aquella empresa se llenan, en la enredada tela de araña,- aún fresca-, de apretones de manos y abrazos cordiales.
Recordar es poner el corazón de nuevo en los momentos vividos.

El carácter afable del anfitrión, su cercanía y amplia sonrisa se adornaban con sus inquietas manos y el vaivén de sus piernas.

Este año, como todos los pasados y venideros, finaliza con el recuento de fechas para celebrar y otras para conmemorar.

Nos resistimos al tránsito y preferimos entrar en un profundo sueño, en la ausencia del dolor, en no molestar ni ser molestados pero inevitablemente estamos abocados a despojarnos de esta suma de carne y huesos.

Manolo Marrero y yo compartíamos la proximidad de nuestras sillas en la mesa que reúne mes a mes a tantos contertulios. Esquinados y cerca de las puertas,-por aquello del humo de cigarrillos-, nos divertíamos en la complicidad de nuestras vivencias de niños en nuestro Puerto querido, en los años adolescentes futboleros y en el reencuentro, tantos años ha, en la tertulia que hoy lleva su nombre. Bromeábamos con mi identidad palestina y canaria y así llenábamos ese intransigente silencio inicial de los encuentros.

Sabía, por esa condición de médico, que los días iban demasiado deprisa y el irrefenable parón estaba muy cerca. Más no por ello, ni él ni yo regateamos la  alegría del encuentro en aquella habitación plena del calor de sus seres más queridos.

¿Con qué se puede llenar la ausencia? No merece la pena el intento de colmar un agujero negro, antes al contrario, nos atrae con esa fuerza imantada del afecto y nos entregamos sin resistencia a los momentos del recuerdo más querido.

Que sepas, mi querido Manolillo, de mi leal amistad, de mi sincero sentimiento de cariño envejecido por el tiempo, acunado y acrecentado en el fuego de tantas tertulias.
Aquellos arrebatadores "incisos" se hicieron entre nosotros como una majadería de lo más simpático y queda como banderín de enganche de solemne juramento de los viejos y nuevos tertulianos.

Hace años que la crisis económica en la que estamos instalados no permitió los encuentros del treinta y uno de diciembre, aquellos cócteles de magnífico gusto que reunía a tropecientas personas.

Convendría que de ser el estómago una víscera agradecida te diera las gracias pero no es el aparato gástrico quién se acerca a tu memoria sino el cerebro y el corazón de quienes, como yo, invocamos los mejores momentos compartidos en el más puro ejercicio de memoria.

La silla de la esquina está vacía como tantas y tantas que lo estarán en estos días entrañables en tantas otras mesas.
Sin embargo, me atrevo a brindar por ti, por lo vivido y por lo que nos reste de estar en este jueves.

Que no nos amarguen los recuerdos. Conviene discernir qué tiempo pasado hay que dejar atrás y cual no. Hoy esbozo una sonrisa.
Si, una sonrisa, poniendo la memoria y el afecto en los momentos vividos, recordándote amigo mío, Manolo Marrero.







miércoles, 10 de diciembre de 2014

viernes, 28 de noviembre de 2014

PALESTINA AMADA

(29 de noviembre de 1947)
por Carlos Juma (*)

La radio echa humo. Su madera noble estaba perforada por una redecilla metálica de la que se desprendían voces en árabe narrando el acontecimiento que cambiaría penosa e injustamente el devenir de los tiempos en Palestina.


Un rictus de profunda seriedad, fruncido el entrecejo, unas lágrimas que caían refrescando su cara, y el juego desasosegado de sus manos intuían que se clavaba un puñal en el corazón de Oriente Medio. La sangre que brotaba era sólo el anuncio del derramamiento que riega cada día la Tierra Santa. En su fresca memoria estaba la querencia a su pueblo, a sus raíces, a su familia.

Del estupor ante la creciente oleada de inmigrantes judíos llegados de Europa con el conocimiento y consentimiento de la potencia mandataria, Gran Bretaña, al estado de confusional, solo mediaron unos pocos años. Se presagiaba el choque frontal no sólo contra los administradores de Palestina en el afán de lograr la independencia prometida sino contra una multitudinaria oleada de gentes venidas de fuera al amparo de una ideología creada por Theodor Herzl, el Sionismo.

La noche del 29 de noviembre de 1947 fue el comienzo de su amargura, la víspera del inminente despojo de sus derechos inalienables. Se aprobaba la partición de la Palestina Histórica en dos sendas mitades asimétricas. La nueva población judía se veía dotada con tierras en la que podrían establecer un estado por y para los judíos.

Los palestinos, cuyos derechos quedaron maltrechos y gravemente heridos, debían conformarse con menos de la mitad de sus tierras para establecer un Estado Árabe. Ni las Naciones Unidas y menos aún la potencia mandataria consultaron ni tuvieron en cuenta la existencia de un pueblo milenario que habitaba aquellas tierras. El despojo de sus derechos, el incumplimiento de tantas promesas y la inadmisión de semejante partición hacían presagiar los sangrientos años que siguieron a aquella nefasta noche. Los intereses económicos y el poder del dinero vapulearon a los palestinos que debían prolongar una situación bélica contra Gran Bretaña y contra las bandas terroristas judías de Stern e Irgum, como más significativas, que ya comenzara en la década de los años veinte.

El maltrecho pueblo palestino, sesenta y siete años después, vive en el encono de la justa ira, en la frustración más amarga y en la desesperanza más recalcitrante.

Muchos de sus amigos tomaron las armas, otros dejaron sus vidas y los más sufrieron el terrorismo del sionismo liderado por Isaac Rabin, Ariel Sharon, Menahem Beguin, buscados por Gran Bretaña mediante carteles que dejaban a las claras el calificativo de Terroristas.

La amarga queja de saberse víctima de una situación ni instada ni creada por los palestinos contra los judíos por el nazismo más abyecto repreguntaba una y otra vez por los culpables del Holocausto. Evidentemente, ningún palestino gaseó a judío alguno en la Europa de la Segunda Guerra Mundial.

Gran Bretaña vio con buenos ojos la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina (Balfour, 1917) y tuvo que sufrir en sus carnes la violencia terrorista sionista hasta que harta de tanta sangre decidió poner en manos de la incipiente Sociedad de las Naciones (ONU) el asunto y lavárselas liberándose de sus responsabilidades internacionales. Que negra gratitud de los judíos a Gran Bretaña y que patética salida a un sangriento conflicto.

Una primera votación de la Asamblea General dio un resultado negativo pero los poderes económicos y las amenazas cambiaron los votos de los países que se habían abstenido en sendos votos a favor de la partición. El daño estaba hecho y permanece aún en estos días.
¿quién podría aceptar que su patria se dividiera en dos sin base jurídica ni el más mínimo respeto a los habitantes de aquella tierra?

En Europa había mucha prisa para lavarse las culpas del Holocausto y ¿que mejor que endosarle el problema judío a los palestinos? Sustentado en innegables LAZOS HISTÓRICOS el avance del poder del dinero convirtió aquellos lazos en DERECHOS sobre Palestina.

No volvió a ver su Palestina libre. La tierra canaria acunó su cuerpo veinticinco años después. Sus palabras, su patriotismo y su inquebrantable fe permanecen en sus descendencia.

Pongamos que hablo de mi padre.

El devenir del tiempo me ha llevado a revivir en mi alma el dolor de mi padre y proyecto sobre mis hijos y mis seis nietos el amor a Palestina y sus gentes, mis otros hermanos.

Nos borraron del mapa de la Humanidad en aquella sentencia emanada de la boca de Golda Meir, “¿Palestinos, que son palestinos?” y aseguraban con aquella otra que “ la segunda generación se olvidará de Palestina”.

Conocemos sobradamente el ideario sionista y que yace en el la ambición de establecer el estado de Israel sobre toda la Palestina Histórica. Los hechos lo demuestran. Y que Jordania es el estado natural de los palestinos es la otra intención nauseabunda.

Para ello, mediante terrorismo, culpabilizando a la víctima, concertando expedientes de expulsión, cerrando las puertas al regreso de todos los refugiados, negándonos el agua, el pan y la sal, violando sistemáticamente cualquier derecho humano, aplicando leyes coloniales, castigos colectivos, robo de tierras, inmisericordes puestos de control policial, muros de la más alta vergüenza, y creando la más mínima excusa para bombardearnos sin piedad en un ejercicio sólo comparable al nazismo más asesino, despreciando cualquier resolución de la misma ONU que les fue tan generosa el 29 de noviembre de 1947, aún más y aún así tienen la osadía de querer manosear el reconocimiento del estado Palestino por Europa y mostrarse como elemento necesario para una paz sionista-dependiente.

Son más de un centenar los estados que reconocen a Palestina como tal; la triste y emetizante Europa solemnizó la apuesta por el reconocimiento de Palestina como estado en la declaración de Berlín en 1999. Suecia dio el primer paso que se propagará por todos los estados europeos. Y todavía hay quienes solo instan pero carecen del coraje político de reparar la gravísima injusticia histórica cometida el 29 de noviembre de 1947 reconociendo a Palestina como Estado.

Sobre bantustanes, con una discontinuidad geopolítica manifiesta, debe nacer y crecer el Estado de Palestina, sobre el veintidós por ciento de la Palestina Histórica. ¿Debo alegrarme por ello?


Unadikum, os llamo, os convoco a permanecer firmes encima de sus pechos de acero, que nuestras raíces se hunden en el origen de los tiempos, que Palestina era, es y seguirá siendo.

Palestina no es una herencia, es un préstamo de nuestros hijos.
No habrá Paz sin Justicia. Queda pues la Justicia como nuestra única esperanza.
Sesenta y siete años después me regocijo en la memoria del que me engendró.


(*) Carlos Juma fue presidente y cofundador de la Comunidad Palestina en Canarias

martes, 30 de septiembre de 2014

El albacea, la zorra y sucesiones

El albacea, la zorra y sucesiones
Por Carlos Juma
Publicado en CanariasAhora/El Diario.es
Publicado en LA PROVINCIA/DLP
 15 de abril de 2014
AL MAFIOSO ABOGADO CON SOMBRERO



La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja.

He podido apreciar recientemente un interés inédito acerca de  los impuestos a pagar por los herederos del causante, sus gravísimas desigualdades en el territorio español que, acorde con la voracidad fiscal de cada comunidad autonómica, desangran a los sujetos pasivos de tal manera que la proporción de renuncias a la herencia se ha disparado de manera exponencial.

No es de recibo  porque, entre otros, lesiona gravemente el principio de igualdad consagrado en nuestra Constitución. Tan españoles son los de una comunidad como los de otras y es una bofetada sin mano que cada cual decida como aplicar este tributo cedido. No es lo mismo, a efectos de pago de impuestos de sucesiones, morir en Madrid que en Las Islas Canarias. De Madrid al Cielo, ¿y desde Las Islas Canarias?

Por si fuera poco lo que pagas en impuestos para adquirir y mantener los bienes, mobiliarios e inmobiliarios, la decisión de la cuantía a pagar por los herederos para hacer suyo lo que les pertenece, - diz que son bienes lucrativos, gratis total-,  queda a expensas del clan político de turno, a los que inevitablemente se les mueren sus seres queridos también, por si les falla la memoria.

Puede que se afirme con toda la socarronería que los políticos  modifican las reducciones del impuesto de sucesiones según se aproxime el final de la vida de sus progenitores. No deja de ser una maldad por mi parte, pero seguro que no me alejo de la verdad. ¿Ejemplos? Usted mismo puede responder.

La propuesta de reforma fiscal de los “sabios” iguala este impuesto de sucesiones en toda España, y como es natural, ya hay diecisiete lobos aullando por sus derechos cedidos. Y el españolito a tomar vientos.

Las mordidas de los ayuntamientos por la plusvalía de los inmuebles, y los de la Hacienda con sus tributos cedidos son de escándalo. Así que, más que heredar un bien trabajado, sudado, por una o varias generaciones anteriores, lo que te traen a casa es el muerto y las facturas a pagar.

La reflexión acerca de la certeza de la muerte nos debe llevar a considerar que, - tal y como me enseñaron mis ancestros árabes-, “cuando mueras te llevas los que eres  no lo que tienes”, y en concordancia con esta aseveración hay que arbitrar las fórmulas precisas para la posesión, uso y disfrute de lo heredado por tus descendientes. Y manos a la obra antes de que los iluminados sigan decidiendo por su cuenta, nunca mejor dicho lo de la cuenta.

Y si, si es muy grave renunciar a lo heredado por las dentelladas de los gestores de la llamada cosa pública. En estos temas de herencias me viene a la memoria aquel saludo entre amigos:
-Hola, ¿qué tal estás, ya partieron?       
Si los llamados a heredar han recibido una educación e instrucción, ajustadas a patrones éticos y morales, no habrá discrepancia que no se resuelva. Lo contrario es muy mal asunto, de ahí el sesgo oculto de la pregunta interesada por la familia.

Cuando se prevé que puedan existir discrepancias entre herederos surge la figura del albacea que, si además es comisario, contador y partidor, hace cierto que “ el que parte y reparte se lleva la mejor parte”.
Y si además es abogado en ejercicio, será un heredero más. Mal abogado y mala persona es el que se postula ante el/la testador/a como Albacea, Comisario, Contador y Partidor, removiendo aguas claras con el fango de su miserable conducta, aprovechándose de la ignorancia de octogenarios. De ahí lo de ríos revueltos y ganancias de pescadores. Dicho queda, y además desde mi experiencia personal.

Bien distinta es la  figura del buen albacea al que la ley considera como “diligente padre de familia”.

Parece que lo habitual es que haya líos entre herederos pero es infrecuente que la litis se entable entre herederos y albacea, comisario, contador y partidor.

Y ya que tomas conciencia de la certeza de la muerte, conviene a modo de reflexión, que consideres que la única maleta que te llevas eres tú mismo. La preparación de los llamados a suceder debe estar a la altura de las enseñanzas éticas y si se prevé una lucha fratricida, más que un comisario, contador y partidor, lo que te recomiendo es que te vayas a llorar en una esquina el trayecto de tu propio fracaso vital a menos que seas la víctima de un atracador legal. ¿Albaceas? El mejor es el que no designas.

Lo ajeno llora por su dueño, la  zorra por su presa.



domingo, 21 de septiembre de 2014

LA JUSTICIA Y EL SOMBRERO: UNA REFLEXIÓN ACERCA DEL CORPORATIVISMO

Publicado en
LA PROVINCIA (15 DE NOVIEMBRE DE 2013)
LA JUSTICIA Y EL SOMBRERO

Publicado el  06 de marzo de 2012
EN CANARIASAHORA.ES






Por Carlos Juma

Los actos contrarios a la moral, a la ética, a la deontología y a las normas imperativas de la Ley, profanando su sagrado carácter, rebasando el simple descuido, no pueden ni deben quedar impunes por el llamado corporativismo. No importa quién sea el actor y quién el damnificado.

La moral  concierne al fuero interno o al respeto humano; es lo relativo a las acciones de las personas o sus caracteres desde el punto de vista de la  bondad o de la malicia (RAE).  La ética es el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana y  no está sujeta al ordenamiento jurídico. La deontología es la ciencia o tratado de los deberes que está custodiado por los Colegios profesionales.
Hay asuntos ética y deontologicamente reprobables por más que a ellos no llegue la legalidad vigente. Pero no es esto lo que acontece en nuestra sociedad porque cualquier acción contra un colegiado que deba ser estudiado con rigor al amparo de las normas deontológicas, concluye  casi siempre en el archivo libre y sobreseimiento de las actuaciones.
Los colegiados sin escrúpulos caminan por el filo de la navaja. Se amparan en los favores debidos, en los antecedentes de raigambre familiar o sencillamente en el  miedo que despiertan por su notoria conducta majadera y torticera.

El silencio de la sociedad unas veces, la sordera de los llamados a la observancia del bien público, e incluso más, los que debiendo impartir justicia se colocan en la línea quebrada de la interpretación sesgada de la conveniencia, hacen posible que los sujetos de conducta delictuosa, etiquetados moral y éticamente como faltos de integridad, consigan aplausos para sus golferías. En las esquinas quedan la moral, la ética y la deontología lamiéndose las heridas.
No me gusta la palabra mafia pero su existencia es innegable, el pago de favores, la contraprestación de dictámenes, el arreglo fuera de los cauces de la justicia, es exactamente lo mismo que tener un cadáver ensangrentado en el suelo , el asesino con el cuchillo en las manos, y al amparo del corporativismo, concluir que el delincuente no puede ser condenado por un defecto de forma en la denuncia o porque el delito prescribió. Pero el delito existió, exclamó aquél. ¡Cosas veredes Mio Cid!
 Señor Juan Carlos I, Rey: La Justicia no es igual para todos ni todos somos iguales ante la Ley.
La relevancia social del imputado, sea quién sea, si lo está por actos ligados al ejercicio de su profesión, indigno de ejercerla, llama al corporativismo de manera inmediata y este le responde tapándose la nariz y llenando los estercoleros de la sociedad de conductas de nula catadura moral en su sentido más estricto. Ya sabemos de los maestros de las frases publicitadas: “dejemos correr el tiempo, ya se olvidaran del asunto”.

Callar es tan grave como delinquir, la complicidad lleva a la injusticia.

Otros profesionales, especialmente de la medicina, con abundantes nexos de causalidad en sus conductas presuntamente  negligentes gozan de la impunidad de sus actos con resultados de agravamientos de enfermedades y de muerte.
Y esto no puede ser estudiado por un grupo de gaviotas, ni es admisible que el colegiado que comete actos  delictuosos quede expedientado por otras tantas gaviotas, es decir, todo queda  en un simple graznido. Y de la Ley y su capacidad de penalizar, ¿qué hay?

En esto sabemos de la pobre valía de los Colegios Profesionales, dicho de otra manera, de su Corporativismo. “Hoy por ti, mañana por mí”. “Perro no come carne de perro”.
 Por cierto, ¿veremos un colegio profesional de políticos? ¿No han hecho de la política su profesión?

Derecho y Medicina son licenciaturas que por su especial relevancia social han  quedado enmarcadas en la obligatoriedad de la colegiación para su ejercicio profesional. Y debemos suponer que estos colegios están para garantizar la actuación de los colegiados acorde con las normas deontológicas. Es sólo una suposición, desde luego.
Todos somos hijos del error, pero de ahí a la soberbia, al desprecio, a la negativa a escuchar y a la conducta maliciosa, negligente, dolosa y  fraudulenta, al desprecio de la pobreza mental, al enriquecimiento ilícito y al corporativismo que lo ampara, dista un abismo.
Los ladrones se cubren la cara para cometer sus inicuos actos. Y hay quienes con la cara descubierta se tapan la cabeza con un sombrero para evitar el hedor de sus repugnantes actos profesionales. Tienen adquiridas las ventajas del  escapismo y son auténticos camaleones. Ciertamente la verdad dura un instante más y la paciencia todo lo alcanza.
No está en mi ánimo ni es mi profesión,  impartir justicia ni sobrevolar el bien y el mal, pero ello no obsta para buscar y amar la Justicia, defender a los pobres mentales, a los dolientes,  a las víctimas del corporativismo de abogados y de médicos,- por señalar las profesiones colegiadas socialmente más relevantes-,  para levantar la voz y la pluma, y poner al descubierto la parte de verdad que conozco. Las máscaras tienen su tiempo en carnavales pero no todo el tiempo es carnaval.
Mientras haya medios de comunicación social y un periodismo valiente y de raza podremos tener la garantía de una sociedad sin mascarillas ni sombreros. Y la Justicia, - que está llamada a la independencia-,  no debe olvidar el deber de tutela efectiva de los ciudadanos sobre todo de los  más desvalidos, menores e incapacitados entre ellos.

albacea?

06 de marzo de 2012

PALESTINA