miércoles, 24 de agosto de 2016

De la corrupción



De la corrupción
por Carlos Juma


Los actos contrarios a la moral, ética, deontología y normas imperativas de la Ley, profanando su sagrado carácter, rebasando el simple descuido, no pueden ni deben quedar impunes ni por el llamado corporativismo ni por los jueces amigos.
No importa quién sea el actor y quién el damnificado.


La moral concierne al fuero interno o al respeto humano; es lo relativo a las acciones de las personas o sus caracteres desde el punto de vista de la bondad o de la malicia (RAE).
La ética es el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana y no está sujeta al ordenamiento jurídico.
La deontología es la ciencia o tratado de los deberes que está custodiado por los Colegios Profesionales.
La ley (en latín, lex, legis) es una norma jurídica dictada por el legislador, es decir, un precepto establecido por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia cuyo incumplimiento conlleva a una sanción.
Las definiciones tal cual las dictan los que se supone que saben.
Las normas imperativas y prohibitivas de la Ley son rotundas y absolutamente claras, y quienes la incumplen,- especialmente los llamados a la custodia y defensa de la Justicia-, no deberían salir de rositas o agraciados por la visión de la Virgen en procedimientos judiciales gracias al corporativismo, al amiguismo o a la aplicación “sui generis” de la norma.
Siendo la ley igual para todos,- no así la aplicación de la misma, como es bien sabido y sufrido-, su aplicación a profesionales colegiados, y a no colegiados como los políticos (tiempo habrá en que se colegiarán), no puede admitir excepciones tales como “defectos formales”, y un largo etcétera de ridiculeces en sentencias en las que se declare nula una obra, se condene a un tercero por causa de la nulidad y se absuelva al autor de tamaña tropelía.
Y por si fuera poco, que sentencien, no uno sino tres jueces, que aquel, diz que abogado-albacea, deberá devolver los honorarios indebidamente apropiados, le “condenan” a hacer la obra de nuevo y cobrar por ello. O sea, que aquí no ha pasado nada, ¿no?
Es un ejemplo más de los ataques de risa llorona que le pueden dar a uno. Experiencia personal.


Si los administradores de la Justicia actúan de esta guisa por mor del principio filosófico que establece que la aplicación de la ley no reside en el conocimiento de la norma sino en la voluntariedad de su aplicacón estaremos ante la maleabilidad del Derecho.
Y si un servidor de lo público, por oposición o por elección, no tiene una mínima referencia de lo que es lo moral, ético, deontológico, o legal sencillamente los ignora o se los pasa por el forro de los caprichos, descansamos en la antesala de una conducta previsiblemente delictuosa por hechos en los que se querría englobar el término “corrupción”.
Los políticos, algunos particularmente, andan de cabeza tratando de definir la corrupción, de manera tal que no les roce ni tangencialmente. Los niños aprenden rápidamente que es lo bueno y lo malo pero los hay que, con el paso de los años, mandan al “carajo la vela” cualquier deber , ante sí, ante los demás, ante los colegas o ante la Ley.
Mareamos hasta la extenuación a la gentil ave gallinácea llamada perdiz, padecemos la falta de concordancia y proporcionalidad en la aplicación de la ley, miramos atónitos y furiosos el paseo en el mar y la montaña de los ladrones de euros a manos llenas, contemplamos con pesar la dureza de la ley con los roba-gallinas y la levedad con los delicuentes de cuello blanco y no nos indignamos lo suficiente.
Nadie está libre de pecado, cierto es, y menos aún quién esto escribe. Al menos, percibamos el sonrojo de la vergüenza que es un señal de arrepentimiento.
Para ello hay que educar en valores, cuidar de manera gentil a los que nos siguen, y desde el punto de vista económico no castigar con cuantiosas cantidades dinerarias los libros escolares, tan cambiantes como necesarios.
Somos la conclusión de nuestro aprendizaje por la vida; ¡ y cuan importantes son los principios básicos educativos!
Nada pues de extrañarse ante el impenitente espectáculo que diariamente tienen como protagonistas a estos perfilados sujetos, con toga, sin toga, con bata o sin ella, con los laureles de los comicios o con la infinitud de la estupidez humana.
Sugerencias modestas para el buen entendedor.
El mejor albacea es el que no se nombra. La fortaleza de lo heredable está en la educación, en la buena, y en sus principios.
Elija a profesionales de conducta intachable, los hay.
Y apartemos a los políticos de sombras oscuras, tanto si son cuatro como cuarenta. Nadie debería cobrar por trabajos nulos e inservibles.
Usted, inteligente lector, sabe extraer sus propias conclusiones.












sábado, 30 de julio de 2016

ENTRAÑABLE HANNA KURSUM



Los límites de la vida asoman para el último suspiro y la evocación de tan buenas vivencias se hacen presentes. Recordando, poniendo de nuevo el corazón, en los bellos recuerdos del amigo bueno, del hombre íntegro que se fue a la otra orilla.

Hanna Kursum, amigo mío, quieres que te acompañemos a descansar a los pies de la Virgen del Pino, en ese Teror al que dedicaste los vencidos años de tu vida. Y así será.

Hanna, mestizaje de lo mejor de tus raíces canaria y palestina, defensor de la Causa por la que nos negamos a desaparecer, amante y delicado esposo de la infatigable Nawal, padre y abuelo ejemplar, luchador infatigable, has elegido tus momentos y decides tomar el tren del viaje último a Jerusalen desde tu casita soñada de Teror, rodeado de toda tu familia.

El espacio reservado para los grandes.

La inmensa paz que proporcionó tu bonhomía, la sencillez y la suave mezcla del mestizaje palestino-canario, es la misma con la que nos hemos quedado cuantos tuvimos el caro placer de disfrutar de ti.

Tantas imágenes plasmó en aquel estudio de Fotos Belén y tantas otras sonrisas nos arrancó que nadie como él llenaba los espacios imborrables en los que reposa la memoria.

Hoy te reciben cuantos nos han precedido, aunando sus manos con las tuyas en un Dabke palestino o en los aires de una Isa canaria.

Nos conforta saber que tu has elegido los momentos y los lugares y que el olor del hogar y el sabor de los dulce, desde tu casita en el campo, nos regalan tu sonrisa a la Vida.

Perdóname si al evocarte se me conmueven los ojos, un poco, sólo un poquito.

Aquí tienes mi cariño por el tuyo.



lunes, 29 de febrero de 2016

Hijos del dolor, padres de la muerte en Palestina

DE AQUÍ Y DE ALLÁ


Hijos del dolor, padres de la muerte en Palestina
por Carlos Juma


La lánguida sombre de los recuerdos, de las vivencias, de los sentimientos que afloran desde los rincones más profundos del alma, emergen al compás de la disrritmia.
Los pensamientos bailan al son de tambores de guerra, de las rimas de la paz, de la sangre, del dolor, de la tristeza de injusticias clavadas en el alma.
Cualquier día se apodera de nuestras redes neuronales mientras la pluma se mueva inquieta buscando las palabras que se ordenen para llegar a la meta de un escrito guiado por la pasión de los sentimientos.
La tragedia del día a día en Palestina, mi otra patria, tan amada como  recordada, se asoma en la cara de un niño al que la vida ha puesto en Belén, en Beit Sahour, en Bir Nabala, en cualquier ciudad de la agredida Gaza, junto a los muros de la Anunciación en Nazareth o a la puerta de Damasco en Jerusalén.
El niño que sale de su casa rumbo a su colegio en el campamento de refugiados, cargado con la mochila, pesada por tantos libros y deberes que cumplir, encuentra en su camino la cara del viejo miedo anclado a una escopeta que le apunta sin el menor pudor.
La orden de dejar en el suelo su carga y levantar las manos la recoge sin el menor atisbo de ansiedad. El hábito de verse rodeado de soldados que le hablan escupiendo palabras tan terribles como "terrorista" ha terminado por convertirse en costumbre.
Son sólo libros y los deberes que le ha marcado su maestra; pero esto no basta, debe abrir la mochila y permitir que los soldados que ya no son uno sino muchos le apunten a la cabeza y ordenen que se vaya a un extremo de la calle y comience a desnudarse, a flexionar las piernas no sea que esconda un puñal.
La orden de que camine de un extremo a otro de la calle es dada sin dejar de apuntarle. Su cara no expresa miedo, es la costumbre.
Sin embargo su pantalón se ha mojado y un débil chorro de color dorado baña sus zapatos.
La proximidad del soldado es tal que, después de la orden de abrir la mochila, pueda ver el cargamento de bombas intelectuales que esconde el pequeño. Le hacen ir de uno a otro en un baile calzado con sus zapatos rojos. 

Finalmente se han convencido los valientes soldados de la raza elegida de que no hay miedo, que no se trata de un terrorista que les vaya a apuñalar o a levantarlos por el aire con una bomba casera.
La columna de los hijos de Sión camina en fila de dos, a los lados de la calle, triunfantes de la gesta que acaban de llevar a cabo. Volverán a sus casas, las robadas a los palestinos, y secarán el sudor de sus frentes comentando la dureza de los cacheos a los terroristas.
El pequeño palestino sigue su andadura hacia el colegio de lona y si la maestra le pregunta el por qué de su retraso tan solo comentará que fue controlado por unos soldados, dirá ¡bah, fue poca cosa!
-¿Y tus pantalones mojados?
-El balde del pozo se me fue de las manos, contestó.
Su escondido miedo transforma su pensamiento. Su padre está encarcelado en las prisiones israelíes, su madre cuida de lo que queda de la familia. Perdió a su hermano mayor en una protesta contra los colonos judíos.
Ya no querrá ser un jugador de fútbol ni doctor. Solo fluyen ideas de frustración, de desesperanza, de suicidio. Mejor morir que vivir bajo la ocupación militar judía, afirma.
Los trazos de sus dibujos caminan por sendas de sangre, por Medias Lunas, por Cruces. Su alma está debatiéndose entre las ilusiones de vivir libre o morir matando.
Los puñales clavados por la injusticia en Palestina han visto llorar a sus ancestros desde el 47 y a sus padres. También él asumirá el papel del llanto. O puede que caiga con las rodillas dobladas y la espalda rendida sobre cualquier acera, con la cabeza ensangrentada.
La elección de vida o de muerte no solo depende de él, también de los que aborrecen la Justicia y niegan la Esperanza.
Tiene los mismos años que mi nieto mayor.

jueves, 7 de enero de 2016

De la Memoria Histórica vs Histérica

De Aquí y de Allá




por Carlos Juma


La virtud de la memoria es el recuerdo, sólida afirmación que nos reivindica en la oscuridad de los episodios más negros de nuestra historia personal y colectiva. Por contra, creo que la mejor virtud de la memoria es el olvido.
Las guerras, ninguna de ellas civiles, portan un matiz especial cuando se trata de enfrentamientos entre gentes de un mismo territorio. Las civilizaciones en pie de guerra son la patética muestra de que los hombres,-léase la humanidad-, no aprende ni a palos ni con vaselina cerebral.
La insistencia en lo bueno nos hace mejores.


Y abocándonos al día a día del común vivir, ¿quién diría que en España hubo una guerra entre 1936 y 1939, que se saldó  no solo con un trágico balance de bajas sino con una larga lista de desconsuelos? Recordar, como su propio nombre indica, es volver a poner el corazón.
Los permanentes "recordadores" (disculpen éste inexistente término) de aquella explosión de desencuentros existen aún .
El tiempo no borra las huellas de una grave lesión, permite traspasar a las generaciones venideras sus letanías de dolor, frustración e ira.
El ejercicio que impone el perdón es muy duro, y no hay otra manera de vivir en paz con los demás y consigo mismo.
 Nos puede el rencor, el odio, la venganza; es consustancial al ser humano,- cenizas del cerebro reptiliano-,  pero sobre ese sistema nervioso primitivo asienta la capa más noble de la arquitectura cerebral, desarrollada a lo largo de siglos y cuyos frutos son tangibles hoy día,-la debutante neocorteza frontal-.
Y por más que vengan mensajeros predicando la reconciliación de este linaje siempre surge el que tiene la herida mayor, el que tiene más avales de la historia, el que más ha sufrido, y una inacabable lista de asimetrías y despropósitos que hacen tan pequeña la caridad como mínimo es el proporcional perdón.


El empeño de determinados sectores de nuestra sociedad en sacar el hacha de guerra del atornillado recuerdo de la que debería llamarse "guerra incivil española" parece proporcionar un incierto grado de satisfacción.


Al bien hay que responderle con bien y al mal con la Justicia, dicen unos, y puede que les asista su razón hasta un punto, puesto que no deja de ser una variante de la ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente, (claro que así, terminamos sin ojos y sin dentadura). 
Sin embargo, para perdonar, llevando al olvido las agresiones sufridas, es preciso entonar el arrepentimiento y sentir vergüenza por el daño causado. 
La altivez y la soberbia de la que  hace gala el vencedor evocando que en toda guerra hay quienes ganan y quienes pierden sin la más mínima señal de decir "lo siento" sitúa en una muy difícil situación la posibilidad de una solución a cualquier conflicto.
Ítem más, si al cabo de los años varían las circunstancias y los que perdieron se tornan en ganadores esbozando una sonrisa sardónica, estaremos en más de lo mismo.


Para comenzar a pasear por el olvido se hace necesario pedir disculpas, -no basta en este punto decir que ya todo pasó, que no es una excusa-, y  de manera simultánea, tender la mano abierta y que se estrechen aquellas sin que haya ninguna que se transforme en un puño cerrado que imposibilite llegar al apretón.


 Los magos reyes venidos de Oriente, tan próximo como querido para este humilde autor, han cambiado de sexo. Ya se ve que los milagros de transformación no los hace  unicamente la Medicina Occidental sino algún político que se arrima a las ascuas de tiempos pretéritos.

Las renombradas calles de nuestra España, retirando lapidarios  pedazos de historia,-buena, mala o medio pensionista-, para tornarlas en otros, que también tendrán su aquél, es un ejercicio inútil, tanto en cuanto cada cual recuerde a los suyos. Pongamosles números a las calles y calcemos las plazas con nombres que no ofendan a nadie.


En el punto en que la Historia sirva para ser un recuerdo permanente, una memoria viva de hechos que a la luz de nuestros días pudieren parecer denigrantes, flaco favor nos hace. Seguiremos siendo prisioneros de nuestros enemigos.
De otro modo, si somos capaces de pasar sobre esos mismos recuerdos con la firme propuesta de no cometerlos más, habremos generado paz con una generosidad ilimitada.


El aprendizaje del olvido es tarea ardua y sin embargo, de aplicarse el principio de que no hay dos pensamientos simultáneos, hace posible sustituir uno por otro. Si la idea,- fruto del pensamiento-, se tornara ineficaz y hasta obsesiva, se modifica con otra, gratificante y fresca; entonces se vuelve posible el ansiado cambio del rencor a la paz.




 Tantos años de mi propia vida asidos a la vieja y terrible historia de guerras en mi querida España natal y en mi Palestina amada no valdrían de nada si el precio de los recuerdos y del propio presente no se mutaran en la capacidad del olvido y en las propuestas de restituir los daños causados merced a una justa valoración de las partes en conflicto.


Ni de izquierdas ni de derechas, ni palestinos ni judíos. La razón  es una sartén de doble mango.
No hay roca que el mar no transforme en fina arena, mejor con el suave oleaje que con tornados bravíos.


La Justicia no siempre sacia la sed de reparación. La razón hay que tenerla, saber explicarla y finalmente que te la den. Importa mucho luchar, y sobre todo resistir acorde con el inmutable principio de no hacer daño, no colocar la vida de rodillas ni atender a vanos cambios que enrabieten apaciguados tiempos, que hay que aprender a olvidar.


La Historia es una cosa y la histeria es otra.











martes, 22 de diciembre de 2015

2016




Paz a la gente de Buena Voluntad


¡Ojalá se rompan todos los muros que nos separan en este 2016!

PALESTINA