miércoles, 27 de mayo de 2015

EL ENTIERRO DE LA SARDINA


DE AQUÍ Y DE ALLÁ

El entierro de la sardina
por Carlos Juma


Reflexión acerca del gobierno de la mayoría vs la suma de minorias, y de la Ley electoral canaria.


Una vez culminada la fiesta de carnavales toca colgar los disfraces. Y ahora queda el glorioso recuento de votos que las matemáticas son incapaces de asimilar.

Dos más dos va a resultar que no son cuatro y que la tan cacareada ley electoral canaria permite que el voto de un canario valga más o menos en consonancia con su lugar de residencia y de este modo, con menos resulta que son más.

El cumplido lector que a estas letras se acerca sabe de sobra a que me refiero y a tan buen entendedor pocas palabras bastan. No obstante lo dicho, por ser conciso, véase el número de escaños que obtiene una pequeña demarcación electoral como la Gomera, y compárese con los escaños obtenidos por los demás canarios.

El grado de irritación sube a medida que los comentarios acerca de esta perpleja situación son la comidilla de informales conversaciones.

 Hasta el ínclito presidente de Canarias, en funciones, ha dicho que hay que reformar la ley electoral canaria, con sus matices; bueno fuera que lo dijera con claridad el que ha tenido en sus manos la modificación de dicha ley ajustándola a un mero criterio de justicia equitativa. Después de mí Noemí o tararí que te ví.

Vengo en decir que si una lista (electoral, se entiende) es la más votada, asunto de qué se tienen que sumar las otras listas (electorales, por supuesto) para impedir que gobierne la mayoría. Y asunto de qué se tiene que dar por supuesto que todas las perdedoras tienen ahora un sentimiento común y unos principios similares; pues para eso era más sencillo y simple que se presentaran todas ellas aunadas en unas mismas siglas.

Entiendo, y es mi parecer, que se está en la oposición para evitar los dislates y que llegado el caso, sumen sus fuerzas para evitarlos, y si es uno de antológica dimensión se presenta una moción de censura, y si el gobernante tiene dudas presentará una moción de confianza. Me cuestiono acerca del miedo a gobernar en minoría mayoritaria.

Y es perezoso pensar la divergente conducta que se muestra en nuestros Cabildos en los que el Presidente es el cabeza de la lista más votada. En unos sí y en otros no. ¿Por qué no se aplica el mismo rasero en todas las instituciones?

Me parece honesto y congruente que quienes no han alcanzado la mayoría no gobiernen. Mejor prestar apoyos puntuales para asuntos puntuales.

La izquierda se ha presentado disgregada y habrá votantes que les gusta una opción u otra de ese espectro político al igual que puede ocurrir con la derecha,- que parece estar menos disgregada-, y puede que sea el momento de unificar a los votantes de izquierdas o de derechas en sus propias plataformas y presentar ante el electorado una opción clara y diáfana. Claro que, en esa hipótesis, se acaban los Carnavales.

O sea, si la suma de los partidos minoritarios es superior a la mayoritaria no sorprende la diarrea mental de la Condesita en Madrid, el silencio del seis escalones o “dónde dije digo, digo Diego”.

Este es el entierro de la sardina. Que poco dura la alegría de las fiestas carnavaleras.









jueves, 21 de mayo de 2015

¿Estamos en Carnavales?



¿Estamos en Carnavales?
Por Carlos Juma



La gran fiesta de la democracia no es otra que la convocatoria de las urnas. Indiferente para unos, apasionada para otros e incluso repugnada por los nostálgicos del ordeno y mando, no deja de ser un festín en el que corre el papel como la sangre en un matadero.
Centenares de miles de papeletas puestas a disposición de los ciudadanos para que sacien su hambre y sed de sentirse protagonistas por un día. Eso si, un día cada cuatro años y va que chuta.

Los casos de corrupción no terminan de finiquitarse, ni en directo ni en diferido; es el cuento de nunca acabar. El hostigamiento al que se somete a los políticos de conducta delictuosa no cesa, y con la alegría del mal ajeno de unos y la ira de los señalados por los medios de comunicación, pasa el tiempo sin que se atisbe el encanto de hacer Justicia, de una vez, rápida, segura, exenta de amiguismo y de patrias potestades. En esto sabemos que los medios de comunicación son entelequias aristotélicas que no sólo perfeccionan la Justicia sino que gracias a ellos se descubren los sujetos  a los que les falta piel y les sobra cara.

Las aguas del Jordán pasan cada cuatro años por estos lares a fin de que los pecadores queden purificados y los inocentes sean bautizados en el esplendor de la gracia de las elecciones. Golfos como la copa de un pino se verán bendecidos por las urnas en un baile de vampiros sin igual. Sacarán pecho y proclamarán el laurel de la peseta: "caudillo por la gracias de dios (omito la mayúscula por respeto)".

Cada partido tiene su propia historia pero no son las siglas las que lo ennoblecen sino las personas que se agrupan en torno a unas ideas compartidas. Y hay muchos que tienen un enorme sentido de la honestidad,- de la congruencia entre pensamiento y acción-, y tantos otros a los que les mueve la ilusión de modificar y/o transformar la estructura de poder, tan miserablemente tocado por manos bastardas. El poder corrompe, dicen  unos; sí claro, a los corruptos, a los corruptibles y a los adoradores del buey Apis y a todos ellos rapidamente se les ve el plumero, naturalmente los que lo quieran ver.

Los alegatos acerca de la importancia de la gerontocracia o del gobierno de la juventud son estériles, vacuos, pues siendo joven cronológico se puede ser maduro y siendo maduro biológico ser un títere anencefálico. De manera que convendría, digo yo, la generosa mezcla de edades y dejar a la orilla del barranco horizontales y verticales.

Nadie hace un ejercicio de autocrítica sino que suelen pasar el trapo de polvo por la frase "algunas cosas no hemos hecho bien" y adelantando el mentón cicatrizan la herida con "ahora lo vamos a hacer mejor" y tienen la osadía de compararse con otros que tal bailan.

¿Dónde pondremos la vista?, ¿En aquellos que han convertido la política en su profesión habitual, en los que repugnan menos, en aquellos que nos han mentido sin pudor?

Cuenta el gran filósofo árabe Gibran Jalil que, siendo un día espléndido de sol, la belleza y la fealdad fueron a darse un baño en aguas del mar, cada cual con su vestimenta. La fealdad se adelantó a la belleza y saliendo de las aguas decidió tapar su desnudez con el ropaje de la belleza y ésta, al salir y no tener con qué tapar su pudor, se cubrió con el harapiento ropaje de la fealdad. Y ya, desde entonces nunca el ser humano puede distinguir quién es quién.

Aunque no hiciera falta alejarse tanto para estar sembrado en el pensamiento, nuestro Pancho Guerra en su inigualable cuento de carnavales, con un Manuelito virado a la pared y ya en las últimas, llamaba con voz débil a su mujer para preguntarle:
-¿María, estamos en carnavales? -Ay mi niña, que este hombre está desvariando! Dijo ella para sí.
-¿Por qué lo dices Manuel?
-Porque todo el que viene a verme me pregunta ¿me conoce Manuelito?

Pues eso, que "tires pá dónde tires", "votes pá dónde votes", podemos estar ante la harapienta belleza, la brillante fealdad o a las puertas de lo infinito en el circo de los carnavales.

Convendrá preguntar a la estrella del protagonismo si es bella, fea o si estamos de fiesta carnavalera.

Deducir quién es honesto,- congruente-, depende de la respuesta, de su historia y del proyecto que presenta.











domingo, 17 de mayo de 2015

EL MILAGRO DE LAS URNAS II

Por Carlos Juma
Reeditado 17 de mayo de 2015
¡Lo que se dijo hace cuatro años!


El hastío que embarga a la ciudadanía en general ante la proximidad de las elecciones generales es producto de las maliciosas conductas de aquellos que se han creído padres de la patria.
No son, -al menos los que más relumbran-, los que muestran una conducta propia de padre diligente de familia.
Estas elecciones tendrán vencedores por ausencia de contrincante y vencidos por su propia dinámica y puesta en marcha de decretos que sólo consiguen calentar al personal.
Ni la derecha es la derecha ni la izquierda es aquella. Ni los hijos de los comunistas  son lo que eran y hasta se permiten “pinzas” con la derecha y castigar a sus colegas absteniéndose y guardando un ominoso silencio a fin de que la derecha entre en gobierno de señores feudales.
No se trata de tijeretazos, de recortes y demás mandangas. El asunto es tan simple como que quienes reinan en el mundo son los dineros. Esos mercadillos donde se volatiliza un caudal o te afrentan con que no hay dinero si usted no me asegura los intereses y encima te marcan como tienes que ahorrar.

Esto no es asunto de elecciones generales. Hay que  poner sobre la mesa cómo hacer frente a esos denominados mercados financieros que no son otros que los dueños de la voluntad política soberana de toda una nación.
Y en este asunto nadie es mejor que nadie, los partidos políticos marcan únicamente esquinas como las mascotas, pero la pared ni se mueve.

Desde llegar tarde y culpar a Zapatero de todos los males, sin apreciar que, aquel que se arrima a Rajoy,- uno de tantos-,  cuyo mención vale unos minutos, el señor Rato, era ni más ni menos que Director General del Fondo Monetario Internacional, consciente por lo tanto o tonto de remate,  al no querer ver  el anunciado despropósito de que la economía no podía ir por aquellos derroteros de derroche e hipotecas basura preconizados por el ínclito Bush (Dios nos libre y guarde de semejante esperpento). Quién cerró los ojos primero no fue Zapatero sino Rato.

Los banqueros solo saben de dineros, les importa absolutamente nada que no sea contar billetes, siendo como son descendientes de aquellos que despreciados por la sociedad y la suciedad de las monedas se pudieron a prestarlas sentadas en un banco del parque. El poder sigue estando en las manos de esos sujetos aunque los vistan de seda.

Y los conciudadanos han sido victimas de sus desmedidas ambiciones, de soñar con paraísos terrenales, y no tomaron en cuenta que lo que compra hay que mantenerlo y sobre todo pagarlo. Si nos hemos puesto de caseros a un banquero hasta el fin de nuestras efímeras vidas ¿Qué cabe esperar? ¿Pretendíamos acaso que actuaran de manera contraria a su rígido y desalmado esquema de trabajo?
Y de los valores, ¿qué? Todos se fueron a fondos de inversión y hemos tirado por la borda lo valioso, aquello que nos llevamos puesto el día que salgamos de este jueves porque lo que es lo que posees lo vas dejar aquí en manos de descendientes y pobre de ti como que quién reparta sea un albacea sin escrúpulos. Que Dios nos coja confesados. “Te dejan limpio”.

Los que ayer se partían la  cara en juegos florales políticos hoy se besan apasionadamente en actos de una desvergüenza incalificable aunque tengan que escupirse los pelos del bigote. ¿Algún concejal ha renunciado a su sueldo de médico?

Los que se han pasado por el arco del triunfo la ética, y pescan salmones, nos hablan de esfuerzos, de un país maravilloso lleno de gente estupenda, laboriosa, vamos el mismo cuento que le lanza la reina de las hormigas a las obreras. Yo a reinar y poner mis  huevos y tú a servirme.

Y ese pedazo de izquierdas que se hace guiños restaurando impuestos que por definición debían estar en el cubo de la basura, llámese de patrimonio, que lo fue durante treinta años, cargando sobre la espalda de los españolitos lo que en si mismo se definía como ·”extraordinario” es que no tiene desperdicio; y aún más, quieren restaurar el impuesto de sucesiones. Y dale con los ricos: ¿me puede usted definir que es un rico? Yo se lo digo: no es asunto de tener más sino de tener a lo que se necesita. Ese principio nos lo hemos pasado por el recto proceder cayendo, como Ulises, en el silbo de las sirenas. Robin Hood muerto está. Los impuestos que restauren  son pan para hoy y hambre para mañana. Hagan un pequeño ejercicio de inteligencia si la tienen.

¿Y que hace Hacienda? Las directrices que le marcan a este segmento tan temido de la sociedad es que recaude, cuanto más, mejor. Es muy curioso que la inspección tributaria haya recaudado de las bolsas de fraude fiscal cantidades que son cincuenta veces lo que se pretende recaudar con el estúpido e insoportable impuesto de patrimonio. Y el asunto para no entrar en más detalles es que toda esa masa dineraria no va al ciudadano sino que va a los engendros que nos administran, despilfarradores, que ahora, teniendo dos palacetes, te pedirán el copago o mejor el repago sanitario, te reducirán el salario, te romperán las conquistas de los trabajadores y los sindicatos callados como mentecatos en un ejercicio de neutralidad política que asusta.
¿Pero que coño casta política es esta?
Usted, Sr. Rajoy es un impresentable que no dudó en dejar sólo al gobierno en temas de estado, negociaciones con ETA, o en la náusea de la abstención ante las acometidas de los nuevos señores, los mercados. Usted ha guardado un vergonzante silencio ante cuestiones muy graves. No sé para que me envía papeletas, aunque el uso que le voy a dar lo debe tener claro.

Usted Sr. Zapatero, hace bien en irse. Los logros sociales alcanzados están en su haber y ha hecho lo que la izquierda siempre hace con lo obtenido por la derecha, el reparto, pero se ha rendido a los mercados y le ha abierto las puertas del poder absoluto a la satrapía de los mismos que nos llevaron al sangrante Irak. Usted nos mantiene en Afganistán, quién nos lo iba a decir.

El Sr. Rubalcaba ha puesto su cuello en la guillotina con la esperanza de que en cuatro años tengamos a una Sra. Chacón al frente de los socialistas y que estos hagan una catarsis que les lleve a una navegación con visos de hundimiento y de salida de ratas a escape,- que las hay y muchas-. Toda una limpieza e higienización: es que siempre son los mismos.

Este es el milagro de las urnas: los sordomudos hablan y oyen, los ciegos ven y los cojos andan, paren las mujeres, se besan los enemigos por el bien de “nuestra” sociedad (será la de ellos, digo yo), dónde ayer fui rey hoy critico sin piedad a los colegas de viaje…..todos mienten y hasta hay quienes renuncian a su carnet de militantes por un plato de lentejas.

Abran las listas electorales ya. Esto es una dictadura de partidos. Que se presente el que quiera y que sea elegido directamente, que explique lo que hará y que rinda cuentas que a fin y al cabo es lo que exige cualquier contrato entre administrador y administrado.
No debería ser el ciudadano el que las exija, sino el político el que las rinda: ese es el compromiso.
Siempre afirmé ante mis alumnos que  la virtud de la memoria no es el recuerdo sino el olvido. Si no fuera así más de uno temería por su cuello.

La conversación entre Sarkozy y Obama acerca del sionista Netanyahu es la expresión pura y dura elevada a la máxima expresión de lo que hace esta casta política. No empecemos con que todos no son iguales, “píquemelo menuo que lo quiero pá cachimba”.  

El pueblo soberano cogiendo restos de los basureros y estos políticos en circos llenos de voces con loas al corifeo. ¿Y usted me viene a hablar de tijeras, recortes, copagos, aumentar la presión fiscal, etc.? Nos vemos el domingo.

16 de noviembre de 2011

martes, 28 de abril de 2015

¡Que me la quitan de las manos!



¡Que me la quitan de las manos!
Por Carlos Juma

Desde cualquier confín de nuestro país se oye, voz en grito, la llamada de los vendedores de mantas en verano, ¡que me la quitan de las manos! o el sutil llévese usted este ramito de flores.

Apostados en el mercadillo de baratijas, con el inmisericorde sol y polvareda, calientan las gargantas de tantos para ofrecer su producto volátil, regalo de un día cada cuatro años.

Y hete aquí que, a modo de milagro, te inundan con ofertas que dónde había carestía ahora hay saldos maravillosos a precio de un simple papel relleno de nombres que no los conoce ni el autor de tan famélica lista.

No puede uno menos que maravillarse ante este mercadillo de luces, lleno de esbozadas sonrisas, y resulta del todo misterioso, que aquellos que fueron pisoteados en sus derechos, desinstalados de sus salarios o arruinados por unos impuestos de lujo sean ahora alabados por sus sacrificios como si se tratara de una conducta voluntariamente aceptada por el pueblo, diz que soberano.

Sin duda alguna, a la menor reflexión crítica, asalta la consideración primera que no es otra que ¿no son estos los mismos de antes, los que se han llevado los mejores avances de nuestra España, los mismo que afirmaron que no la conocería ni la madre que la parió? ¿los ofertantes serán seres de otras galaxias?
Pues no, resulta que son hijos de la Vía Láctea, de esa misma que proporciona leche sin fin, la que te adormece en el pesebre de los favores, la que repudia, como buen perro, comer carne de perro, la que dicta el cuerpo a tierra que vienen los nuestros o aquello de que no hay peor cuña que la del mismo palo.

Los hipnotizadores logran dormir al pueblo a través de los mil y un circos de gladiadores, de incontables novelas y de sangrientos cruces de murmuraciones y falsos testimonios. La entrada en escena de jueces de lo divino y humano flagelados por sus ataduras al poder de los regidores de la cosa pública, le dan al escenario ese tinte negro tan necesario en el tanatorio de la corrupción.

Y ya puestos en escena, el griterío de los encantadores de serpientes tropieza descaradamente con la cara incrédula de tantos y tantos hijos de la coneja Hispania, asombrados por la fragilidad de la memoria reciente y lejana de los predicadores.
Ya decía don Francisco de Quevedo que “nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”.

Pareciera que una oleada de polvo del desierto haya borrado los recuerdos de tantas promesas hechas tan sólo cuatro años atrás. Y es que este deterioro cognitivo es de extrema gravedad. España va bien, según para quién.

Más nos valiera acceder a la biblioteca de las promesas y leerlas detenidamente.¿A quienes se les puede confiar el gobierno de la cosa pública? ¿La respuesta es que son todos lo mismo, los de antes y los de ahora, los viejos y los nuevos? El placer adictivo del poder es superior a cualquier otro y quienes lo degustaron no están dispuestos a cederlo y quienes lo acarician harán malabares sin fin para obtenerlo.

El espectacular harakiri de las cortes franquistas dio paso a una modélica transición política. ¿Cuantos diputados estarían dispuestos a llevar a cabo el anhelo de la ciudadanía actual? Los leones del Congreso son inmóviles piedras a las que habrá que darles el aliento de la vida.

Permítame, distinguido lector, el modesto placer de la indignación y que cada cual apueste por las piedras o por la vida.


miércoles, 22 de abril de 2015

La Justicia y el del Sombrero: Una Reflexión acerca del Corporativismo

Por Carlos Juma

Los actos contrarios a la moral, a la ética, a la deontología y a las normas imperativas de la Ley, profanando su sagrado carácter, rebasando el simple descuido, no pueden ni deben quedar impunes por el llamado corporativismo. No importa quién sea el actor y quién el damnificado.

La moral  concierne al fuero interno o al respeto humano; es lo relativo a las acciones de las personas o sus caracteres desde el punto de vista de la  bondad o de la malicia (RAE).  La ética es el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana y  no está sujeta al ordenamiento jurídico. La deontología es la ciencia o tratado de los deberes que está custodiado por los Colegios profesionales.
Hay asuntos ética y deontologicamente reprobables por más que a ellos no llegue la legalidad vigente. Pero no es esto lo que acontece en nuestra sociedad porque cualquier acción contra un colegiado que deba ser estudiado con rigor al amparo de las normas deontológicas, concluye  casi siempre en el archivo libre y sobreseimiento de las actuaciones.
Los colegiados sin escrúpulos caminan por el filo de la navaja. Se amparan en los favores debidos, en los antecedentes de raigambre familiar o sencillamente en el  miedo que despiertan por su notoria conducta majadera y torticera.

El silencio de la sociedad unas veces, la sordera de los llamados a la observancia del bien público, e incluso más, los que debiendo impartir justicia se colocan en la línea quebrada de la interpretación sesgada de la conveniencia, hacen posible que los sujetos de conducta delictuosa, etiquetados moral y éticamente como faltos de integridad, consigan aplausos para sus golferías. En las esquinas quedan la moral, la ética y la deontología lamiéndose las heridas.
No me gusta la palabra mafia pero su existencia es innegable, el pago de favores, la contraprestación de dictámenes, el arreglo fuera de los cauces de la justicia, es exactamente lo mismo que tener un cadáver ensangrentado en el suelo , el asesino con el cuchillo en las manos, y al amparo del corporativismo, concluir que el delincuente no puede ser condenado por un defecto de forma en la denuncia o porque el delito prescribió. Pero el delito existió, exclamó aquél. ¡Cosas veredes Mio Cid!
 Señor Juan Carlos I, Rey: La Justicia no es igual para todos ni todos somos iguales ante la Ley.
La relevancia social del imputado, sea quién sea, si lo está por actos ligados al ejercicio de su profesión, indigno de ejercerla, llama al corporativismo de manera inmediata y este le responde tapándose la nariz y llenando los estercoleros de la sociedad de conductas de nula catadura moral en su sentido más estricto. Ya sabemos de los maestros de las frases publicitadas: “dejemos correr el tiempo, ya se olvidaran del asunto”.

Callar es tan grave como delinquir, la complicidad lleva a la injusticia.

Otros profesionales, especialmente de la medicina, con abundantes nexos de causalidad en sus conductas presuntamente  negligentes gozan de la impunidad de sus actos con resultados de agravamientos de enfermedades y de muerte.
Y esto no puede ser estudiado por un grupo de gaviotas, ni es admisible que el colegiado que comete actos  delictuosos quede expedientado por otras tantas gaviotas, es decir, todo queda  en un simple graznido. Y de la Ley y su capacidad de penalizar, ¿qué hay?

En esto sabemos de la pobre valía de los Colegios Profesionales, dicho de otra manera, de su Corporativismo. “Hoy por ti, mañana por mí”. “Perro no come carne de perro”.
 Por cierto, ¿veremos un colegio profesional de políticos? ¿No han hecho de la política su profesión?

Derecho y Medicina son licenciaturas que por su especial relevancia social han  quedado enmarcadas en la obligatoriedad de la colegiación para su ejercicio profesional. Y debemos suponer que estos colegios están para garantizar la actuación de los colegiados acorde con las normas deontológicas. Es sólo una suposición, desde luego.

Todos somos hijos del error, pero de ahí a la soberbia, al desprecio, a la negativa a escuchar y a la conducta maliciosa, negligente, dolosa y  fraudulenta, al desprecio de la pobreza mental, al enriquecimiento ilícito y al corporativismo que lo ampara, dista un abismo.
Los ladrones se cubren la cara para cometer sus inicuos actos. Y hay quienes con la cara descubierta se tapan la cabeza con un sombrero para evitar el hedor de sus repugnantes actos profesionales. 
Tienen adquiridas las ventajas del  escapismo y son auténticos camaleones. Ciertamente la verdad dura un instante más y la paciencia todo lo alcanza.
No está en mi ánimo ni es mi profesión,  impartir justicia ni sobrevolar el bien y el mal, pero ello no obsta para buscar y amar la Justicia, defender a los pobres mentales, a los dolientes,  a las víctimas del corporativismo de abogados y de médicos,- por señalar las profesiones colegiadas socialmente más relevantes-,  para levantar la voz y la pluma, y poner al descubierto la parte de verdad que conozco. Las máscaras tienen su tiempo en carnavales pero no todo el tiempo es carnaval.
Mientras haya medios de comunicación social y un periodismo valiente y de raza podremos tener la garantía de una sociedad sin mascarillas ni sombreros. Y la Justicia, - que está llamada a la independencia-,  no debe olvidar el deber de tutela efectiva de los ciudadanos sobre todo de los  más desvalidos, menores e incapacitados entre ellos.
DEDICADO AL ABOGADO, ALBACEA, COMISARIO, CONTADOR Y PARTIDOR, SAQUEADOR DEL PATRIMONIO DE UNA HEREDERA INCAPAZ
Reeditado: 22 de abril de 2015

albacea?

06 de marzo de 2012

Menor y relaciones consentidas




Menor y relaciones consentidas
(a propósito del caso Salobral)
Por Carlos Juma


El asesinato de una niña de trece años a manos de su pareja  reabrirá el debate acerca de lo legislado sobre la validez  del consentimiento prestado para relaciones sexuales en  menores de esa edad.

Una vez más veremos emanar leyes a cogotazos, muestra impúdica de la nula capacidad de proyección de futuro a corto y medio plazo de las señorías de escasa entidad intelectual que han ocupado ú ocupan escaño en el Parlamento de España.


Una menor de trece años por más que lo quieran colorear,  es una niña, una  preadolescente o una adolescente muy temprana, a la que fácilmente se la podría llevar al engaño del placer de los sentidos, tan a flor de piel en cuanto que aparece la menarquia o al enamoramiento ciego, y sucumbir en la red de la pasión desenfrenada.
Sigue siendo una niña y alcanzaría su plena madurez cuando confluyan factores conductuales que den armonía e invistan de una personalidad definida a la pequeña, entonces ya,  convertida en mujer madura.

La osadía es tremenda cuando el legislador, al que se le supone que cuenta con respaldos técnicos y de toda clase de ayudas para afinar en la enunciación de sus leyes, traza la marca mágica de los trece años para mantener relaciones sexuales consentidas y por tanto exentas de responsabilidades penales para el socio. Ya no sería un abuso de menores.


¿Qué parámetros  se establecen para trazar la peligrosa línea de los trece años para esta conducta? El daño que se le causa y las previsibles consecuencias son enormes. ¿Y qué hay de la patria potestad?

No se trataría, en este caso de relaciones supuestamente consentidas,  de una conducta delictiva; pero partiendo no sólo  en cuanto al hecho sino  en cuanto al tiempo,  si esa relación se lleva a cabo cuando la menor tiene algo menos de trece años se trataría de un abuso sexual susceptible de ser penado. Vaya, cuestión de días.

Nuevamente, la mera consideración de la complejidad de la conducta humana hace imposible, desde mi punto de vista, asignar responsabilidad penal o liberar de la misma, en base a un simple criterio biológico. De la misma complejidad conductual debe inferirse una legislación que contemple además de referencias biológicas la maduración cerebral del individuo.
Repugna la acción, aún siendo consentida, sobre una pequeña de trece años.

¿Diríamos lo mismo si la asesinada fuera hija de un político, de un juez, de una persona relevante socialmente?

Siguen  legislando a patadas sin que se atisbe el menor asomo de adelantarse a conductas individuales y sociales por parte de esta denostada clase política actual.

La conducta humana, reitero que es sumamente compleja, y la tipificación de sus actos merece tener en cuenta, en lo que a este tipo de relaciones sexuales consentidas se refiere, de que se asocie a la edad cronológica la edad mental y se establezcan las variables conductuales precisas.
¿De qué sirve el ejercicio de la tutela y de la patria potestad?

Si se supone que  los dieciocho años significan edad adulta y madura, ¿cómo es posible que a los trece años se le suponga madurez y criterios válidos para consentir una relación sexual?
¿Es también válido el consentimiento otorgado por el menor para ser sometido a penetración anal a  los trece años de edad?

Más convergentes serán la madurez y edad cronológica cuando ésta supere los dieciocho años. Eso, como mal menor.

De un cogotazo elevarán la edad de una niña para mantener relaciones sexuales consentidas a los dieciséis años, a buen seguro, mirándonos en los franceses,

No debemos criticar  otros pueblos en los que  las niñas se casan con trece o menos años. Debemos hacer un serio ejercicio de reflexión en este asunto y no tirar primeras piedras.

25 de octubre de 2012

Médico Neurólogo y ex profesor-tutor de FF.BB. de la Conducta (UNED)

jueves, 16 de abril de 2015

La náusea de la corrupción


Publicado en:
En Eldiario.es/canariasahora
En La Provincia
En Canarias Noticias
En Telde Actualidad
En el Blog de Marisol Ayala


La náusea suele ser la antesala del vómito, puesto que sabido es que no todos los vómitos se preceden de ese repugnante pródromos ni todas las náuseas se siguen de aquesta convulsión digestiva.

De las diversas clases de mentiras se puede escribir un tomo con significados y significantes, desde la mentira pura hasta la ausencia de la verdad.

En su momento, sentado en el avión hacia los Estados Unidos de América, me llamó poderosamente la atención que respondiera por escrito si realmente tenía la intención de cometer un atentado terrorista. Entre la risa sardónica y la incredulidad contesté, evidentemente, que no.

Habrá que entender la pregunta al hilo de la idiosincrasia de los ocupantes de aquellas tierras. La mentira te coloca en una situación muy grave en el sistema judicial de aquel hermoso país norteamericano.

Mentir es una cosa muy fea, mentir ante un juez debería llevar a la cárcel al mentiroso pero en España, mentir te sale gratis.

Desde jueces que aceptan la mentira en un procedimiento civil y no se les cae la cara de vergüenza hasta aquellos otros que muestran una evidente indiferencia por la condición del justiciable, -y aceptan pulpo como animal de compañía-, cabe hasta mentir en tu propia defensa en un procedimiento penal.

Hay sujetos que han pasado años de su  penosa existencia indicando que se debe hacer o no, que beber o no, que declarar o no, y así un variopinto arco iris en el que caben fariseos, publicanos, sepulcros blanqueados, la incorrupta mano de santa Teresa y los discursos de políticos en campaña electoral.

Nuestra querida España, maltrecha por los clanes familiares de defraudadores de la cosa pública que no dudan en ir a oficios religiosos, dar limosna y mandar al César al palo mayor del bergantín, no se merece esta clase de personajes cantores de la primavera electoral. 

Tal es la asimetría, la desproporción, la virulencia con que se enfrentan la sufrida clase media y los "economicamente débiles" a los defraudadores.

Los que viven por y para la política, enquistados en siglas que les dan de comer y proveen su presente y futuro, parecen centrarse en la dinámica del cambiemos todo para que todo siga igual.

Ah, claro, no todos son iguales, dirán los encastados, y así estaremos una y otra vez en el inmovilismo más castrante porque una de dos, o quién entra en política se tapa decididamente la nariz o ante tal fétido olor recoge velas y se vuelve a casa con la decepción en la cara. Diz que “nos ha faltado piel”. Más bien te sobra “cara”.

¿Merece pues la pena la apuesta por un cambio en los gestores de la cosa pública y dar una oportunidad a las nuevas generaciones? Ya lo hemos vivido antes con los centenares de promesas incumplidas. ¿Sería distinto ahora o es que debemos admitir que la mentira es consustancial al ser humano? ¿De qué nos valdría la moral, la ética y la deontología?

Está claro que cualquier apuesta por un cambio conlleva la vuelta a las posiciones más recalcitrantes de quienes han "chupado" (en su doble acepción coloquial) poder y han pasado de ser Pepito el carabobo a don José el concejal, aun cuando ya se sabe que la mona aunque se vista de seda, mona se queda.

En esto sabemos que el tiempo no cambia a las personas, sino que sencillamente les quita la máscara y el bueno se ennoblece con el tiempo y el malo se agria. ¿Habrá que dar tiempo al tiempo?

Decía  que una verdad cuesta mucho trabajo decirla pero el esfuerzo de mantener una mentira te puede llevar una vida para que al cabo se sepa que todas las mentiras tienen las patitas muy cortas.

El sistema funciona tan y tan bien que el importe de lo defraudado, de lo indebidamente apropiado, de lo robado, de lo saqueado, no se devuelve porque o se convierten de ricos-ricos en insolventes o porque han alzado sus bienes.
Llevarlos a la cárcel, encadenarlos con gruesas bolas de plomo un tiempo que tiene su fin anunciado es una ridiculez que agradece el pueblo pero no debemos olvidar que en ese tiempo de prisión estos impresentables están siendo alimentados con el dinero de todos. Y de lo apropiado tararí que te ví.

La mentira está instalada en el sistema y la violación de la molinera también.
-¿me quiere usted hacer creer que este enano la ha violado a usted, una mujer de dos metros?¿Como es esto posible?
-vaya, sr. juez, es que yo me agaché un poquito, contestó la molinera.

Cuando el sistema no quiere condenar a un ciudadano defraudador de la verdad, no lo condena. Se buscan las mil y una maneras de hacerlo y cuando quieren penalizar un robo de  supermercado aplican lo que haya que aplicar.

Se le da tiempo al gran defraudador para que esconda lo defraudado y  asestándole un cogotazo dar la impresión de que no hay amigos que valgan ante la corrupción. Quiero creer que es verdad pero sólo cuando el canto es un grito actúa la justicia. Que me digan cuantos ex ministros de Aznar están imputados en sendos procedimientos judiciales.

La indignación no basta ante tanta mentira y corrupción; ya está sobrepasada. El mecanismo de alivio es el vómito ante tan esperpéntico y nauseabundo dolor de cabeza.


PALESTINA